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Perpetuemos nuestros sentimientos a través de las palabras que todavía pueden ser escuchadas.

Puede que haya visto demasiadas películas o series filmadas en las icónicas calles de Nueva York o es que esta ciudad es mágica, no lo sé, lo cierto es quien me conoce sabe que es por mucho mi destino preferido. Amo sus paisajes que se pintan de manera diferente en verano o invierno, sus esquinas llenas de estrés, los recorridos en el metro donde los vagones van llenos de personas absortas en libros, en sus celulares o silenciadas por sus audífonos. No soy una persona tan ampliamente conocida en mi entorno, pero me gusta la sensación de ser una turista en la ciudad ideal para pasar desapercibida.

Nunca había pisado esa tierra en otoño para contemplar las tonalidades de ocre en los árboles que parecen danzar al ritmo del viento y evocan a los impresionistas franceses cuyas obras se lucen en las salas del museo Metropolitano, a pocas cuadras del este paisaje. Contra todos los pronósticos, en el año de la pandemia cumplí mi sueño. Desde que me regalaron mi boleto deseé que los árboles sostuvieran sus hojas unas semanas más para verlos con esos tonos que había visto en mis sueños.

Central Park era mi objetivo número uno. En mi caminar sin la presión del tiempo descubrí un mensaje que cautivó mi corazón: la ciudad llena de anónimos está invadida por historias de amor que no quieren ser olvidadas. Más de 4 mil bancas ubicadas en los 840 acres cubiertos por más de 20 mil árboles de muchas especies y tamaños, guardan pequeños fragmentos in memoriam de humanos que dejaron una huella en el corazón de otros.

Esas bancas que hoy son protagonistas de bodas, clases de yoga, intrépidos patinadores, sesiones de fotos, celebraciones de cumpleaños, pícnics, performance de artistas aficionados y otros consumados, mantienen viva la memoria de esos amores que ya no están juntos.

Más allá de razas, colores, nacionalidades y señas idiomáticas parece que nos une el deseo de perpetuar eso que se llama amor, tal como nos muestra el cine, los best seller o las series de televisión. Algunas de estas historias, resumidas en una pequeña placa de metal, empezaron o se desarrollaron en este parque. Cuando me detuve a leerlas pensé: ojalá en vida se hayan dado muchos besos apasionados, se hayan acariciado y hayan disfrutado de los abrazos, se hayan dicho miles te amo, se hayan otorgado mucho perdón…

Aunque el Covid-19 nos enseñó que nada es seguro, que las reglas cambian y que la vida y la familia debemos aprovecharlas al máximo, me pregunto ¿realmente la estamos aprovechando? ¿Estamos diciendo lo que debemos decir con palabras y con hechos? ¿Y si nos adelantamos a decir lo que pensamos antes de que se vayan de este mundo? ¿Realmente necesitamos una banca en Central Park para dejar palabras que perpetúen su esencia? ¿Qué diría tu placa conmemorativa? ¿Cómo te recordarán tus seres queridos?

In memoriam… Busquemos las palabras más sinceras para decir cuánta falta nos hacen esas personas o lo que más amamos de ellas. Perpetuemos nuestros sentimientos con lo más valioso que tenemos hoy: las palabras. Susurra o grita lo que sientes por esa persona que está ahí en los momentos oportunos, por ese hijo que te hace sentir orgullosa, por esa familia que te impulsó a convertirte en quien eres, por ese hombre que amanece a tu lado, por esas amigas sinceras que además te hacen reír.

Usa tus recursos para escribir una carta (seguro evocaría una época maravillosa), para enviar un mensaje de texto, para hacer una llamada o dejar una nota de voz. Si esa persona está viva ¡no lo pienses más ¡actúa!

Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre. Robadora de frases. En proceso de construcción. Amante de los viajes, buenos libros y museos.

Marly Leonzo – who has written posts on Ladrona de frases.


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