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Me invadió la negación, me rehusaba a aceptar esa realidad y en la búsqueda de escuchar lo contrario, visité más de una decena de médicos. Pero todos coincidieron. Así que nueve meses después, me realizaron una gastrectomía parcial en la que me extrajeron 40% del estómago”

Iniciando los cuarentas y sintiéndome plena, feliz con mi esposo e hijos de dieciocho, dieciséis y diez años; en una nueva etapa de nuestras vidas, llena de planes y aún con muchos sueños por realizar; de pronto llega a mi vida una avalancha de incertidumbre, miedo y desconcierto a través de un diagnóstico de cáncer en el estómago.

Una llamada telefónica del laboratorio interrumpió mi agenda del día, era urgente repetir los exámenes para confirmar los resultados, ya que no coincidían con la mujer platicadora y llena de vida que había llegado por la mañana, pues el análisis reflejaba una anemia severa. El gastroenterólogo, al recibir los resultados de mis biopsias que indicaban un tumor carcinoide en la curvatura menor del estómago, me refirió con el oncólogo.

Esa noticia me enfrentó de cara a la muerte, en ese momento lo único que quería era salir corriendo para abrazar a mis seres queridos y decirles ¡cuánto los amo! Simultáneamente pensaba en el tiempo desperdiciado en peleas absurdas, por las cuales dejamos de disfrutar bellos momentos y comprendí que iniciaba una lucha contra el tiempo.

También me invadió la negación, me rehusaba a aceptar esa realidad y en la búsqueda de escuchar lo contrario, visité más de una decena de médicos. Pero todos coincidieron. Así que nueve meses después, el 10 de marzo del 2016, me realizaron una gastrectomía parcial, en la que me extrajeron 40% del estómago.

Ahí llegaron las buenas noticias. Los médicos se sorprendieron al notar que el tumor apenas estaba en la etapa inicial, no se había ramificado como esperaban, ya que este tipo de enfermedad es asintomática y se expande con rapidez, por eso la detectan en una etapa terminal.

A través del calvario e incertidumbre que viví desde que recibí el diagnóstico, en mayo del 2015, y el vía crucis entre clínicas, laboratorios y hospitales, me hice cada vez más fuerte. Comprendí la crueldad de las circunstancias, pues aunque tienes el jardín de tus sueños, todo se derrumba al ya no tener tiempo para disfrutarlo. Conocí a gente realmente valiente, superando lo insuperable, viendo de frente a la muerte y aún así sonriéndole a la vida. Dios me hablaba a través de ellas.

Fue maravilloso sentir cómo volvía a la vida libre de cáncer. Esos instantes en los que Dios me susurró al oído una segunda oportunidad aún me hacen temblar de felicidad. Cuánta fortuna al asistir con valentía a las revisiones anuales, porque sé ahora que todo tiene un propósito.

Mi mejor aliada fue la actitud optimista con la que decidí afrontar la situación. A través de la fe y el poder de la oración nunca estuve triste, cargué mi cruz dándole gracias a Él por las pruebas que estaba atravesando. Hoy sigo viviendo como si ya no tuviera tiempo, agradeciendo a Dios por esta segunda oportunidad. Pues me permite testificar que los milagros siguen sucediendo en pleno siglo XXI. ¡Soy una sobreviviente!

Claudia Maria Santizo de Ramírez

Soy hija de José Eduardo Santizo Molina (Guayo), mazateca, sobreviviente de cáncer y agradecida con Dios por una segunda oportunidad de vida, amante de las flores y entregada a mi familia

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