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No todas las historias terminan con un final feliz. Me duele reconocerlo, pero voy a abrir mi corazón ante esta realidad y admitiré que el cáncer me ha arrebatado a personas cercanas, personas que dejaron una huella profunda en mi vida”.

Muchas tenemos amigas o conocidos que han sido afectados por el cáncer. Las historias que nos robamos este mes son testimonios de mujeres que ganaron la batalla contra esa enfermedad y que merecen ser contados y compartidos. Sin embargo, no todas las historias terminan con un final feliz. Me duele reconocerlo, pero voy a abrir mi corazón ante esta realidad y admitiré que el cáncer me ha arrebatado a personas cercanas, hombres y mujeres que no ganaron la batalla. Hace algunos años se llevó a un gran amigo (esposo de una mujer que sigo admirando infinitamente) y, recientemente, estuve en la despedida de la madre de mi mejor amiga, una mujer cuya bondad me hizo sentir parte de su familia.

Cuando escribí el primer artículo que se publicó este mes, sabía que el cáncer de páncreas se había extendido por el cuerpo de Sarita. No obstante, seguí pidiéndole a Dios por un milagro, pero el sábado 20 de octubre ella partió a la presencia del Señor.

Estar en la funeraria con mi amiga y toda su familia me hizo pensar en todos los hogares que a diario pierden a una madre, un hermano, una esposa, un padre, un esposo e, incluso, a un hijo cuya vida fue interrumpida por el cáncer. Viví esos momentos de profunda tristeza y no tengo palabras de aliento o de consuelo para Paty y su familia. ¿Qué puedo decirle a mi amiga?

Aunque este blog está hecho para transmitir esperanza e inspiración, no puedo dejar de dedicar un espacio para honrar la vida de Sarita Girón viuda de Orellana, esa mujer de 71 años que luchó por dejar un gran legado en sus cuatro hijas y su hijo, hoy todos son grandes profesionales y, sobre todo, seres humanos excepcionales.

Desde que recibí la noticia de su partida sabía que la funeraria estaría llena de gente que conoció su gran corazón y no me equivoqué: la sala estaba llena de personas que yo no conocía y el altar estaba lleno de flores. Esta multitudinaria despedida me hizo reflexionar sobre la oportunidad que tenemos de trascender en la vida de alguien más, algo que Sarita aprovechó bien.

Estoy segura de que estas líneas encontrarán eco en quienes han despedido para siempre a un amigo o un ser querido, ya sea por el cáncer o cualquier otra enfermedad. Sin duda hay quienes se han identificado con el silencio profundo que el corazón guarda cuando se debe dar un pésame. No hay palabras que consuelen ante este tipo de situaciones inesperadas. Nunca estaremos preparados para despedir a alguien y, sin embargo, lo único seguro de nuestra vida es la muerte.

Sarita vivió para que muchas personas admiremos su infinita bondad. Pareciera que en cada uno de sus días en este mundo se encargó de crear un legado para que la extrañemos quienes la conocimos; por eso seguirá viviendo, no solo en mi amiga, en toda su familia sino en nuestra memoria.

Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre.
Robadora de frases.
En proceso de construcción.
Amante de los viajes, buenos libros y museos.

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