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El fracaso es únicamente un dato que brinda información sobre el paso en el que nos hemos equivocado y lo que necesitamos para hacerlo mejor la próxima vez.

¿Sabes qué significa realmente el fracaso? El diccionario lo define como un “resultado adverso en una cosa que se esperaba sucediese bien”, “suceso lastimoso, inopinado y funesto”. En realidad, los significados hacen poca alusión a algo objetivo y medible, y aun así, pasamos toda una vida enfrentándonos o más bien, huyendo de este, en lugar de intentar entender lo que realmente significa.

Además las definiciones parecen incompletas e inclinadas a alcanzar estándares que no han sido definidos más que desde el lado negativo de lo que culturalmente se define como éxito 💣💣 Entonces, para entender lo que fracaso significa, debemos definir el término éxito y hoy día, el éxito se resume en la obtención de dos o tres cosas materiales, títulos y una única manera de hacer familia. Paradójicamente, mi consultorio está lleno de personas que tienen todo eso y aun así se sienten fracasadas. Interesante.

En consecuencia la cultura nos entrena para evitar el fracaso. Al inicio de la vida, los parámetros son más medibles (no por esto adecuados). En el cole nos enseñan que el éxito es pasar los exámenes y si esto no sucede, significa que hemos fracasado. Si hay fracaso, hay castigo. No pasas de grado, no entras a la universidad y a nivel relacional, te desconecta de tus padres, de tus maestros. Hay un castigo involucrado. Y luego nos preguntamos por qué tenemos una pésima relación con el fracaso y tratamos de huirle a toda costa.

Es decir, el fracaso significa baja autoestima y desconexión del otro. Los peores miedos del ser humano. El problema es que más allá de la ilusoria objetividad del éxito escolar, el fracaso es un término cien por ciento subjetivo, sujeto a los sistemas de creencias, valores impuestos por la familia, la cultura o el mainstream.

Lo cierto es que, desde nuestra condición humana inherente, somos más proclives al fracaso que al éxito, o al menos, antes de tener éxito tenemos que aprender a navegar muchos “fracasos”. Si ponemos esto como condición inherente y como valor supremo, podríamos enseñar a los niños que el fracasar, al igual que caerse al aprender a caminar, es parte del proceso del éxito y que además constituyen las lecciones previas para un bien mayor que si o si, es un concepto personal e interno. Poco tiene que ver con lo externo… con graduarse de “x” universidad, trabajar en “x” compañía, con casarte y tener hijos o con poseer los objetos que nos venden como deseables.

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Como resultado debemos entender que el fracaso es únicamente un dato. Un dato sumamente valioso, ya que nos brinda información sobre el paso en el que nos hemos equivocado, por qué nos hemos equivocado y lo que necesitamos para hacerlo mejor la próxima vez. Es así como han nacido todos y cada uno de los grandes inventos ¿o no?

Los datos que obtenemos del fracaso son realmente perlas de información que se ganan al atrevernos a tomar alguna acción. Mientras más fracasamos, mas información obtenemos para hacer cambios y lograr lo que queremos.

Finalmente la vida al es un juego, entre más veces jugamos y nos atrevemos, más nos profesionalizamos. Este mindset es vital. Aprendemos entonces, que cada fracaso es simplemente información que ponemos en el buffet de posibilidades, no debemos evitarlo. ¡Significa riqueza y maestría! Y si es riqueza y maestría debemos darle la bienvenida, esperarlo y salir a su encuentro. La emoción resultante de este mindset es: agradecimiento y curiosidad.

Imaginen un mundo donde todos pensáramos en agradecer y darle la bienvenida a esos fallos, entrando en curiosidad por la lección por aprender. Los fallos por sí mismos son grandes indicadores de que nos hemos movido, que hemos tomado acción, nos hemos atrevido y que estamos por aprender algo maravilloso.

Quizá en ese mundo yo no tendría trabajo y aun así me dedico a enseñar este cambio en el sistema de creencias, tan contracultura, tan contra intuitivo, pero tan humano. Te dejo con una invitación de pasar del miedo al fracaso a la curiosidad por él. ¡Nunca olvides que eres el producto de lo que has aprendido en el camino!

Andrea González

Licenciada en Psicología Clínica por la Universidad Francisco Marroquín. Maestría en Consejería y Salud Mental en la Universidad del Valle y en Psicopatología Clínica por la Universidad de León, España. Terapeuta certificada por la Asociación internacional de profesionales en trabajo de Trauma. Certificada por el Instituto de la Dra. Shefali como Coach de vida Consciente. Ejerzo la clínica privada con énfasis en el trabajo de trastornos del estado de ánimo y ansiedad. Mi pasión ha sido encontrar las respuestas a los problemas de la época, especialmente aquellos relacionados a la ansiedad y a la crianza de los niños para ayudar a llevar una vida más consciente, más humana. Actualmente doy charlas para una vida más consciente, alrededor del mundo.

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