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A pesar de que siempre me han encantado lo perritos, por años me negué, porque tenía claro lo que implicaba: mucho amor, dedicación, cuidado y trabajo extra. Y no esperaba disfrutar de una mor incondicional y constante.

Durante ocho años mis dos hijas insistieron en que compráramos un perro, pero a pesar de que siempre me han encantado, me negué, porque tenía claro lo que implicaba: mucho amor, dedicación, cuidado y trabajo extra.

Lejos estaba de imaginar que en unas vacaciones en Guatemala nos terminarían convenciendo. Fue así como compramos un Pug de seis semanas. Nunca olvido que cuando lo vi por primera vez, dije “uy que feíto está” y ahí empezó la aventura con nuestro Xavi Alonso, el nombre que le dimos.

Lo compramos y nos aseguraron que era hijo de campeones, pero que no podían ponerle el tatuaje porque estaba muy pequeño y nosotros teníamos que regresar a nuestra casa tres días después. Pensamos que eso no era importante y empezamos a preguntar qué necesitábamos para sacarlo de Guatemala e ingresarlo a USA, con tan poco tiempo y con tantas cosas que hacer, accedí a pagar más a la tienda donde lo compramos para que se encargaran de hacer los trámites.

Dos días antes de que saliéremos de regreso, Xavi se enfermó y lo tuvimos que hospitalizar con una infección bronquial severa que nos obligó a retrasar nuestro regreso por unos días. Como se imaginarán, esto representó más gastos: pago del hospital, cambio de boletos para los cuatro y otras cosas más.

Afortunadamente mi bebé se mejoró y llegamos a casa donde tuvimos que comprar de todo porque no estábamos preparados. Unos días después, lo inscribimos en clases de obediencia y se graduó, aunque al poco tiempo olvidó muchas enseñanzas, aunque reconozco que yo lo empecé a malcriar y consentir como no lo hice con mis hijas.

Pug

A los dos días de haber llegado al país le dio su primer ataque de epilepsia, ni siquiera tenía dos meses de vida, mi pobre gordito. Para quienes saben lo caro que son los gastos médicos en Estados Unidos, se imaginarán lo que empezamos a gastar en nuestro Xavi, desde ese momento siempre tuvo problemas de salud, pero yo lo amaba como nunca pensé amar a un perrito y él me amaba más. A tal punto que no comía si yo no estaba en casa y le rogaba para comer, no porque no tuviera hambre, si no que, al consentido le gustaba que yo hiciera eso.

Mi esposo siempre dijo que al Xavi nunca le avisaron que era un perro y se creía mi bebé de verdad. Pasaron los años y siempre requirió muchos cuidados y consentimientos, incluso recibí críticas por la forma que lo había criado, pero para mí era otro hijo y el amor entre él y yo fue demasiado especial.

Cuando tenía 7 años, le dio una infección en un ojo a causa de un golpe con una ramita de una planta y esa infección nunca mejoró hasta que perdió la vista de ese ojo y aunque hicimos todo lo posible por ayudarlo empezó a perder la vista del otro ojo. Fue muy triste ver cómo se fue deteriorando, pero lo peor fueron sus últimos dos años de vida, parecía que había entrado en depresión y ya no comía, aun cuando yo me sentaba y lo rogaba. Hubo días que los que no comía y no quería levantarse de su cama y sin beber agua. Nos dimos cuenta de que estaba en depresión y sentía dolores, lloraba por dentro y aunque tratamos de hacer todo lo que pudimos, cada día estaba peor.

Sabíamos que debíamos tomar una decisión porque él estaba sufriendo mucho y nosotros también, especialmente yo. Para esta etapa mis hijas ya no vivían en casa y aunque lo amaban y hacían lo que podían, vivían de otra manera su sufrimiento.

Debíamos tomar la decisión ya. Fue el 10 de abril de este año, que tuvimos que ponerlo a dormir. La despedida de mi bebé, de quien me cuidaba cuando me sentía mal o triste, de ese animalito que me dio tanto amor fue uno de los momentos más difíciles que he enfrentado. Tengo la certeza de que Dios los creó para traernos amor y gozo al permitirnos cuidar de ellos, pues también fueron creados por Él.

Por eso comparto mis recuerdos, mis momentos difíciles al cuidarlo de sus diferentes enfermedades, pero más que todo el amor que hubo entre mi gordito, Xavi Alonso, y yo.

He perdido un amor incondicional y constante, porque con mi Xavi no había barreras, no había juicios, ni emociones encontradas, solo amor constante. 

Soy hija, esposa, madre, coach cristiana, pastora, pero sobre todo soy mujer. Afortunada y agradecida de tener a Jesús en mi corazón y de tener la bendición de una familia hermosa, mi esposo, dos preciosas hijas y un perro pug, Xavi Alonso, a quien amo y malcrío. ¡Amante del café, creo firmemente que sin ca-fe es imposible agradar a Dios! Soy una mujer que ha descubierto con el paso de los años que ninguna persona puede definirte por lo que piensa de ti, tengo el poder de diseñar mi futuro ¡tomada de la voluntad de Dios sobre mi vida!

Fabiola Pacheco – who has written posts on Ladrona de frases.


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