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Hay muchas maneras de desnudarse. Muchas veces quitarse ese peso de encima es lo que realmente nos libera porque llevamos mucho tiempo cargándolo.

Para algunas personas sentirse vulnerables es como estar desnudo. Ya me lo decía una amiga, “Es como si desnudaras esos sentimientos que siempre están vestidos y guardados, entonces la otra persona puede leerte”. Por eso es más fácil tener una especie de armadura y fingir que nada perturba. En mi caso, nunca he tenido dificultad en mostrar mis sentimientos, cualesquiera que estos sean, porque nunca he visto la vulnerabilidad como algo negativo, por el contrario, es parte de mi naturaleza y mi necesidad. Pero sé que este no es el caso de todas y que se puede llegar a relacionar la vulnerabilidad con la debilidad.

Como me decía un amigo cercano cuando le consulté sobre el tema: “En los últimos años hemos normalizado comportamientos que quizá antes eran impensables; uno de ellos es el hecho de ‘no sentir’, ya que si sientes mucho eres intenso o si muestras mucho interés en algo eres obsesivo, entonces la medida parece ser la del tibio, no mostrar interés o afecto hacia alguien o algo”. 

Lo que muchas veces la gente no suele ver es que la vulnerabilidad es fortaleza. Mostrar quién eres solo te hace ser real y esa es la verdadera aceptación. Poco suelen servir las frases motivadoras si a la hora de mostrar las emociones no queremos “perder el control”. Y creo que ese suele ser el dilema con los sentimientos porque te sacan de tu zona de confort. Luego te preguntas ¿el control de qué? Como si la vida no fuera un constante cambio; una línea que nunca está trazada porque de lo contrario no habría mérito en vivirla. “Como raza humana nos hemos encaminado a ser invencibles y ahora vemos los sentimientos como una debilidad, porque si nuestras expectativas no son alcanzadas, nos van a lastimar”, me dijo mi amigo. 

Así que hay muchas maneras de desnudarse. Muchas veces quitarse ese peso de encima es lo que realmente nos libera porque llevamos mucho tiempo cargándolo. Como ese traje de baño que teníamos miedo de usar, por lo que podrían llegar a decir los otros sobre nuestro cuerpo, hasta que vimos alrededor y decidimos dejar de escondernos y usarlo con orgullo. “No deberíamos normalizar el hecho de no sentir”, me dijeron y creo que lo que sucede ahora es que todo es tan ficticio —desde la felicidad en Facebook hasta esas parejas aparentando perfección—que lo que siempre logra cautivar el corazón es todo aquello que parece real, que sufre, como sufrimos todos, que se siente natural y no como si debiésemos tener un filtro para detectar lo aparente de lo real. 

Así pues, la vulnerabilidad es nuestra mayor fortaleza porque es la que nos habla de una madurez emocional. Como leí hace un par de días, hablando de la vulnerabilidad dentro de una relación, cuando no tienes necesidad de protegerte, esconderte o cuantificar tus acciones versus las del otro, es cuando estás en la relación adecuada, a tus anchas, sin orgullo, posesión psicológica ni dominio.

Todos hemos estado en relaciones que nos aprietan, las que no son de nuestra talla, pero las forzamos. Aquellas que nos hacen sentir culpables como si querer fuera un delito; son esas relaciones de las que hay que huir. Las que te envuelven en su maraña y no te dejan ver que la débil no eres tú. Así que desnúdate y date permiso de sentir. Sé honesta contigo misma, verás que es lo más bueno y necesario que puede pasarte.

Gabriela Grajeda Arévalo

Periodista, mamá, emprendedora, apasionada por los libros y las historias de amor.

Gabriela Grajeda Arévalo – who has written posts on Ladrona de frases.


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