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El esfuerzo por parecer fuerte tuvo sus consecuencias y después de un tiempo entré en depresión y angustia, tuve que aceptar lo vulnerable que soy.

Estoy por cumplir 54 años de edad. Llevo 27 de casada, de los cuales 23 años disfruté de estabilidad financiera en mi matrimonio, con algunas subidas y bajadas, pero nada extremo, hasta que mi esposo se quedó sin trabajo hace cuatro años. Pensamos que con los ahorros podríamos estar tranquilos mientras él encontraba una nueva oportunidad o podía poner en marcha alguno de sus proyectos. 

Para mí la estabilidad ha sido muy importante, no me refiero solo a lo económico, debido al alcoholismo de mi padre, a la muerte de mi hermano y de ver la total dependencia de mi madre hacia mi padre, decidí que yo tenía que ser fuerte. La vulnerabilidad para mí era símbolo de inutilidad y debilidad, así que yo no estaba dispuesta a dejar que algo o alguien me pudiera lastimar, yo tenía que ser la que liderara y se debía hacer como yo quisiera, esa fue la caparazón que encontré, según yo, para nunca sentir dolor.

Después de varios meses los ahorros se fueron y empezamos a tener muchos problemas de escases, me sentí mucho más responsable y no podía dejar que nadie me viera débil ni vulnerable, menos mi esposo y mis hijas. Ese esfuerzo por parecer fuerte tuvo sus consecuencias y después de un tiempo empecé a entrar en depresión y angustia, me había dado cuenta de lo vulnerable que soy, ¡noooooo yo vulnerable! No podía ser. 

En ese momento la realidad me sobrepasó, no podía aceptar que yo no fuera capaz de evitar la pérdida del lugar en el que vivíamos, de tener que verme en la necesidad de vender todo lo que poseía para sobrevivir, además de aceptar que nos invitaran a vivir en casa de unos amigos porque no podíamos pagar una renta. Me sentía la mujer más fracasada del mundo, quería desaparecer, salir corriendo y no volver a ver atrás. Ese fue el momento en que definitivamente acepté que como ser humano soy totalmente vulnerable, no fue fácil, pero aprendí a sostenerme en mi vulnerabilidad, comprendí que lo que nos hace vulnerables nos hace hermosas y únicas, pues nos hace humanos. Como dice Brene Brown, la vulnerabilidad es donde nace el amor, el sentido de pertenencia, el valor, la empatía y la creatividad.

Después de casi cuatro años de estar en este proceso, puedo decirles que me siento orgullosa de decir no puedo más, estoy cansada, no sé qué hacer, necesito ayuda y que en medio de lo que pueda estar pasando esté llena de paz, esa que no se entiende, pero que cuando reconoces que no eres la mujer maravilla ­– lo que yo me creía–, y aprendes a depender de quien vino a dar la vida por ti, todo cambia. 

Ya no soy la que lucha sola, aunque sí me esfuerzo y hago mi parte, pero ya no pretendo ser la mujer perfecta, ni la más fuerte, ni la que tenía que resolver todo. Además, ya no tengo temor de que las personas que me creían una mujer tan fuerte se den cuenta que también soy débil.

Hoy, gracias a mi propio proceso puedo pedirte que te des el derecho de aceptar tu vulnerabilidad, porque eso se convierte en una fuente de poder, es el lugar donde aceptamos nuestra humanidad y es la medida más precisa del coraje.

Fabiola Pacheco

Soy hija, esposa, madre, coach cristiana, pastora, pero sobre todo soy mujer. Afortunada y agradecida de tener a Jesús en mi corazón y de tener la bendición de una familia hermosa, mi esposo, dos preciosas hijas y un perro pug, Xavi Alonso, a quien amo y malcrío. ¡Amante del café, creo firmemente que sin ca-fe es imposible agradar a Dios! Soy una mujer que ha descubierto con el paso de los años que ninguna persona puede definirte por lo que piensa de ti, tengo el poder de diseñar mi futuro ¡tomada de la voluntad de Dios sobre mi vida!

Fabiola Pacheco – who has written posts on Ladrona de frases.


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