Tiempo de lectura: 2 minutos

Desde niña he tenido un carácter fuerte, toda mi vida me he jactado de ser una mujer independiente y resiliente, es por eso que asociaba la “vulnerabilidad” con incapacidad y fragilidad.

Cuando me hablaban de una mujer vulnerable, mi mente volaba a esa chica que necesitaba de un hombre en su vida para cambiarle la llanta, pues tiene miedo a quebrarse una uña. Esa mujer de quien yo solía burlarme.

Viví gran parte de mi vida huyendo de la vulnerabilidad, luchaba por ser la mujer independiente que podía hacerlo todo sola. Y como yo sabía qué era lo mejor para mí, elegí iniciar un noviazgo con un hombre que, a mi parecer, era perfecto.

No sé cómo ni cuándo terminé sumergida en una relación donde reinaba el abuso psicológico. Al principio creí que podía manejarlo y dejé pasar cualquier cantidad de humillaciones pues yo era “fuerte” y no me afectaban sus insultos. De un día para otro él decidió terminar la relación, fue ahí donde empezó el acoso. No sabía cómo parar las llamadas ni amenazas y no quería pedir ayuda, yo tendría que saber manejar esto. En cuestión de tres meses mi cuerpo colapsó, terminé hospitalizada, perdí demasiado peso y no tenía energía ni para levantarme de la cama… y aun así seguía guardando silencio, no pedía ayuda.

A mis veintitrés años, según yo, ya no necesitaba de mi papá, pero cuando él se enteró de lo que en realidad estaba pasando le tomó tres segundos y una enfática amenaza terminar con el abuso ¡Supongo que no es de todos los días que un pastor de dos metros de estatura te recuerde que nadie se mete con su nena!

La palabra vulnerabilidad deriva del latín vulnerabilis. Está compuesto por vulnus, que significa ‘herida’, y el sufijo –abilis, que indica posibilidad; ser vulnerable no es ser frágil, ser vulnerable es abrirte a la posibilidad de una herida. De esa herida puede florecer aprendizaje y definitivamente da lugar a nuevas fuerzas y autodescubrimiento. Ser vulnerable requiere más valor que ser autosuficiente, requiere que te arriesgues, que reconozcas tu fragilidad y que te rindas. Ser vulnerable también te abre a la posibilidad de conectarte y rendirte.

La historia tiene un final feliz, a él nunca más lo volví a ver. Después conocí a un hombre que se enamoró de mi fuerza en la misma medida que ama mi caos interno. Me gustaría decirte que es el hombre perfecto y que a su lado jamás volví a sentir dolor, pero las relaciones conllevan dolor y decepción con la diferencia que una relación sana también está llena de perdón y aprendizaje porque en ella reina el respeto.

El atreverme a ser vulnerable con mi esposo me ha enseñado que Dios me cuida mejor de lo que yo me puedo cuidar de mí misma y le recuerda a mi esposo que aparte de el papá terrenal, de dos metros, también tengo un papá en el cielo a quien debe rendirle cuentas. 

Hoy estoy felizmente casada con un hombre que cambia mis llantas, no porque yo no pueda, sino porque me ama lo suficiente para hacerlo por mí.

María José Bianchi

Soy una mamá mayorcita de dos preschoolers (de 38) y una “emprendedora” inusual. Fundadora de una hermosa comunidad y todo gracias a una princesa de 6 años que me inspira a diario y un #babuhulk que me da fuerza para cambiar mi mundo.

María José Bianchi – who has written posts on Ladrona de frases.


¿Te gustó? Compártelo en tus redes