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Al escuchar el diagnóstico médico sentí un fracaso completo en mis planes, mis sueños y en la vida que conocía hasta ese momento.

El término fracaso suena duro e inevitablemente nos remite al temor, a lo mejor por eso no nos gusta reconocer que hemos caído, tropezado o fracasado. Lo sé porque he experimentado esa sensación luego de escuchar los diagnósticos más duros que una persona puede escuchar.

Me enfrenté a ese panorama desolador una mañana del mes de septiembre del 2019. Me dirigía  hacia el trabajo, después de pasar varios días de estrés y no dormir como era lo aconsejable. Esa mañana experimenté mucho dolor de cabeza, hormigueo en el rostro y brazo derecho, a continuación sentí mucho sueño y según yo, me dormí. Lo fuerte pasó minutos después de haberme dormido. Iba en el automóvil con mi esposo y al quedarme dormida empecé a sacudir mi cuerpo, a encoger mis brazos y mis piernas, mis ojos estaban fuera totalmente desorbitados y había mucha espuma en mi boca. Era evidente que estaba convulsionando. Quedé completamente inconsciente. Todo esto me lo relató mi esposo cuando desperté en la emergencia del hospital.

El diagnóstico fue contundente, derrame cerebral. Mi cuerpo estaba encogido, toda la parte derecha de mi cuerpo estaba inmóvil, el rostro torcido, no podía hablar y no tenía ninguna sensibilidad. El doctor se acercó y me dijo: usted nunca más volverá a caminar ni hablar, tiene suerte de haber quedado con vida, lo que tiene son secuelas del derrame que sufrió. Y por si fuera poco, agregó: esta será su nueva vida, estado de dependencia total sin mover su parte derecha del cuerpo y sin poder hablar.

Mientras escuchaba al médico pasaron muchas cosas por mi mente. Lo primero que sentí fue el fracaso ante mis planes, mis sueños y sobre todo de ya no volver a experimentar la vida como la conocía hasta ese momento. Todo lo que había soñado se estaba escapando de mis manos totalmente. Mi corazón se desplomó y fue peor el sentimiento cuando quise hablar, expresarme y llorar. De mi ojo derecho no brotó ni una lágrima, efectivamente mi cuerpo no respondía ni siquiera ante mis emociones. Era un caso perdido.

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El dolor, la angustia, la frustración y el sentimiento de fracaso que sentí fue inmenso. Me quedé sumida en esa desolación varios días, pero en diciembre, tres meses después de ese trágico momento, desperté con un fuerte sentimiento de querer luchar, algo en mi cabeza me repetía “tú puedes” y después de repetir varias veces la palabra que escuchaba en mí mente, supe claramente que era la voz de Dios hablando desde mi interior. Sentí fuerza, valor, coraje y garra para levantarme.

Empecé a hablarle a mi cuerpo que era capaz de hacerlo, que yo no era una fracasada, no era una perdedora, que podía hacerlo, que ¡sí era capaz de hacerlo! Entonces elevé mi vuelo y comencé a luchar. Hoy, 1 año y 5 meses después, puedo escribir este texto con mis manos, ya tengo movilidad en la parte derecha de mi cuerpo, aunque tengo que decir que el proceso no ha sido nada fácil, sigo luchando sin miedo a fracasar porque en Dios me ha puesto un espíritu de lucha, de poder, de amor y dominio propio.

Sí, Dios me recordó mi esencia y con Su ayuda estoy más fuerte que nunca. Sigo en terapias, pero mi recuperación hasta el momento ha avanzado un 80%. Con seguridad puedo decir que Dios es fiel y en los momentos más duros, Él nos recuerda que nos ha formado para que ningún diagnóstico detenga el propósito para el que fuimos creadas.

Gabriela Dominguez Hernández de Nova

Tengo 36 años de edad, 7 años de casada. Soy una mujer llena amor para su familia, cariñosa como hija, como hermana, como tía y como esposa. Soy honesta, amiga leal, no me gustan las mentiras ni las injusticias y lucho por siempre tener relaciones afectivas basadas en lealtad, honestidad y amor por sobre todas las cosas. Soy perseverante, me gustan los retos, disfruto aprender cosas nuevas. Suelo evitar la palabra “no” y los argumentos negativos. Soy hija de Dios por sobre todas las cosas, lo amo, respeto y sirvo con todo mi corazón. Mantengo una hermosa relación con Él que me ha hecho mejor persona. Sueño con el día que Dios me permita ser mamá.

Gabriela Dominguez Hernández de Nova – who has written posts on Ladrona de frases.


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