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Puedo decir de manera categórica que Dios se ha manifestado en gran medida en los momentos más vulnerables de mi vida.

Una de las cosas que me aterrorizaba desde joven y con lo que tuve que aprender a lidiar de forma saludable, fue saber que en momentos de mi vida me encontraría ante la inevitable y temible Señora Vulnerabilidad.  Tal vez por mi carácter y condición de líder, ser vulnerable me causaba una sensación desagradable y de derrota. Siempre trataba, por todos lo medios de no mostrarla.

En un período de mi vida soñé varias veces que me veía desnuda por completo. En una de las ocasiones me encontraba en la oficina, en otra estaba en una tienda y, en una tercera, en un lugar público que parecía una parada de tren. Recuerdo vívidamente la sensación de impotencia y desprotección que me sobrecogía. Me sentía frágil, débil, temerosa y angustiada de que se dieran cuenta de mi condición. Estaba expuesta a mil cosas. Me aterrorizaba la idea de que me vieran así. ¿Qué pensaría la gente? ¿No me van a querer si me ven así? ¿Se van a aprovechar de mí? ¡Qué desprestigio! ¡Qué humillación!

En dichos sueños, aunque yo estaba terriblemente agobiada y avergonzada, parecía que solo yo me percataba de mi desnudez. Todos lo que estaban a mi alrededor, en cambio, seguían en sus asuntos sin poner mucha atención a mi condición. No estaban interesados en hacerme daño. Gracias a Dios que eran solo sueños… ¡qué bochorno! Lo cierto es que esa horrible sensación no fue menos real y lo que aprendí tampoco lo fue.

Ser vulnerable es una realidad humana y se presenta en diversas formas. No somos inmunes a ser vulnerables, pero sí es importante reconocerla, aprender a afrontarla de modo saludable y hasta llegar a celebrarla de manera equilibrada. Incluso, en algunos casos, es importante que no pase inadvertida, ya que si no atendemos la situación, nos podría llevar a serias consecuencias, y afectar nuestras acciones, decisiones y relaciones.

Hay muchas formas de sentirse vulnerable. Algunas nos hemos sentido vulnerables en el aspecto económico, en lo social o en el campo laboral. Otros lo han sentido en su vida amorosa o en algunas crisis del corazón. Hasta puede que se presente cuando atravesemos algún dolor, como la pérdida de un ser querido, la ruptura de una relación, un divorcio o un hijo pródigo. También somos vulnerables cuando algo o alguien de más autoridad o poder la ejerce inapropiadamente sobre el más débil, como es el caso del maltrato de niños o del abuso en el hogar. Somos vulnerables cuando estamos expuestos a cualquier cosa que nos haga susceptibles o produzca una crisis emocional.

Al ser hechos a la imagen y semejanza de Dios, no dudo que en su diseño e intención estuviera que experimentáramos la vulnerabilidad en algún momento de la vida. Por lo tanto, puedo decir de manera categórica que Dios se ha manifestado en gran medida en los momentos más vulnerables de mi vida. Han sido esos momentos en los que experimenté su protección y cuidado, aprendí grandes lecciones, y crecí en mi carácter y relación con Él. Y Él me ha dicho: Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, muy gustosamente me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. (2 Corintios 12:9, LBLA)

Aceptar que somos vulnerables es todo un desafío que requiere gran sinceridad y valentía. Sin embargo, reconocerlo no es lo más importante… sino aprender a lidiar con ella y esto requiere madurez y responsabilidad. Si no entendemos la condición, entraremos en modo de «ataque o escape». Actuaremos de una de las dos maneras y nos alejaremos del proceso que debemos vivir para crecer y ser seres plenos. Por supuesto, la vulnerabilidad implica ser susceptibles al dolor, y es obvio que nuestro instinto de conservación nos motiva a hacer lo posible para evitarlo. ¡Creo que aquí está el problema! Al igual que en el sueño, yo creía que todos me harían daño y no era así. «Damos por sentado» que nos herirán, pero casi siempre son más los beneficios que los perjuicios. El acto de mostrarnos vulnerables ante la persona amada o ante una circunstancia justificada, nos da una sensación de libertad y descanso. Ya no tenemos la máscara puesta, y puede que lleve nuestra relación a otro nivel.

Si no nos arriesgamos a permitirnos ser vulnerables, estamos perdiendo la oportunidad precisa de ser moldeadas por Dios, de recibir amor y de mostrarnos como somos ante los demás. Un grave error que yo cometí siendo joven y recién divorciada, y que cabe mencionar para beneficio de mis bellas lectoras, fue no reconocer mi vulnerabilidad. Así que escondía mis necesidades emocionales, creyéndome fuerte y que todo lo tenía bajo control. Caí presa fácil de circunstancias que me trajeron mucho dolor. Creo que si lo hubiera reconocido, hubiera podido actuar a tiempo y evitarme algunos dolorcitos en el corazón.

Ahora bien, la vulnerabilidad sin discernimiento nos pone a merced de nuestras emociones y podemos caer en las manos equivocadas. Como lo cuento en mi libro «Ponte en mis zapatos», recibí una gran lección que me permitió estar tan… tan conectada, y a ser consciente de mi vulnerabilidad, que aprendí a discernir cuáles eran los momentos de correr o de ceder.

Aunque creamos que no debemos mostrar nuestro lado débil y que siempre hay que aparentar ser fuertes, ya sea porque nos lo enseñaron o porque así lo decidimos, ser vulnerables no nos hace menos fuertes. Tampoco nos hace menos dignas ni frágiles. Por el contrario, nos hace maravillosamente sinceras, humanas y valientes. Se abren las posibilidades de ser más accesibles y empáticos, y de cruzar la brecha de la superficialidad en algunas relaciones. Con esto, ¡no me refiero a que ahora vamos a mostrarle al mundo entero todas nuestras debilidades!

Acepta mi invitación a que te permitas ser vulnerable y, a la vez, que disfrutes el proceso de crecimiento que se produce al dar el paso de reconocer tu condición.  ¡Sí! Concluimos que mostrar nuestra vulnerabilidad es un gran riesgo que nos pone a sudar del susto. No obstante, puede traer grandes frutos a nivel personal, relacional y en todos los ámbitos. Recuerda, Dios te diseñó de esa manera, y Él quiere estar presente y glorificarse en medio de tu vulnerabilidad. Ser vulnerable no es sinónimo de debilidad ni fragilidad, sino más bien de valentía, fortaleza y seguridad en ti misma. Aventúrate a las posibilidades que te brinda la vulnerabilidad, ¡siempre que lo hagas tomada de la mano de Dios!

Marie M. Griffin

Ha inspirando a millones de mujeres hispanas en todo el mundo con sus motivadoras palabras, a fin de alcanzar logros como mujer, esposa, madre y profesional. Es autora del libro «Ponte en mis zapatos». Ha sido la directora de Expolit y actualmente se desempeña como Embajadora Internacional. Es presentadora de televisión y productora del programa internacional «Verdades que cambian vidas», vicepresidenta de ComunicadoresUSA, así como empresaria y propietaria de EventersMiami. Ha formado parte de la junta de varias organizaciones sin ánimos de lucro, incluyendo la Asociación de Editoriales Evangélicas (SEPA) y ComunicadoresUSA. Ha recibido múltiples premios internacionales, incluyendo el reconocimiento especial del Congreso de Estados Unidos debido a su contribución a la comunidad.

Marie M. Griffin – who has written posts on Ladrona de frases.


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