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Nos han mostrado que el fracaso es una falla imperdonable, una incapacidad o una imperfección, pero en realidad es parte del camino.

Primero traslada tu mente a aquellas tardes de tareas. ¡Esa plana está mal hecha! ¿Recuerdas cuando sentías esa preocupación de qué diría mamá o la maestra de la plana? ¿Cómo te sentías? El otro día una paciente me decía “aprendí a hacer las cosas por mí misma y rápido, porque así evitaba que mi mamá se enojara y me regañara”

¿Cuántas veces hemos sentido que los resultados perfectos hablan de lo buenas que somos? Incluso podemos decirlo con cierto orgullo. Pero si lo revisamos un poquito podemos encontrar algunos detalles realmente significativos.

En realidad cuando nos preguntamos por qué vivimos episodios de ansiedad, constante frustración y decepción podemos volver un poco hacia nuestra historia y preguntarnos ¿soy quien hace todo perfecto a la primera?

Y si lo piensas un poco más, realmente ¿quién hace las cosas “perfectas” a la primera? El punto de todo esto es: ¿te permites cometer errores? 

En consecuencia, no es lo mismo aprender a hacer las cosas bien porque aprendes de tus errores, practicas, buscas los métodos y pasos que para ti funcionen, que exigirte hasta el límite porque tienes que hacerlo perfecto a la primera.

Más bien el fracaso nos ha sido mal-presentado como una falla imperdonable, como una muestra de la incapacidad de ser perfectas, cuando en realidad es parte del camino.

Fracasar no nos aleja de ser seres humanos plenos y felices, nos ofrece la posibilidad de aprender, de crecer, de avanzar en la vida, pero por sobre todo de ser pacientes y compasivas con nosotras mismas.

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¡Eres capaz!

¿Cuántas veces nos permitimos volver a hacer la plana sin castigarnos? Pregúntate si puedes darte todas las oportunidades que requieres para volver a intentarlo o si tienes la paciencia necesaria para hacerlo nuevamente sin escuchar esa voz interna que dice ¡esa plana está mal hecha!

Tómate tu tiempo para desarrollar este sencillo ejercicio. Respira con calma, coloca tu mano sobre el corazón, piensa un instante cuál sería la frase qué quisieras escuchar cuando te equivoques, cuando necesites aliento y ánimo para volverlo a intentar.

Qué te parecen estas opciones: eres capaz, puedes volverlo a intentar, te amo tal y como eres o creo en ti.

Con todo esto quiero decirte que la vida es ahorita y si estás constantemente en búsqueda sólo de resultados impecables y perfectos es posible que se te escapen momentos de espontaneidad, de calma, de magia, de convivencia y de conexión con los que más amas y también contigo misma.

¿Blanco o negro?

¡Cuando termines todo tienes permiso de detenerte o descansar! ¿Se te hace familiar esta frase? ¿Creciste escuchándola? ¿Te repites este tipo de frases? ¿Esta frase es parte de las creencias que rigen tu vida?

A partir de frases como esa, es probable que incluso te sientas un poco orgullosa de tener una vida basada en todo o nada. Sin embargo, este enfoque solo en resultados completos puede evitarte que desarrolles paciencia y seas compasiva.  

Dicho con más claridad, ¿eres capaz de ver el arcoíris que está disponible para ti todos los días? Los fracasos o equivocaciones no vienen solos, incluyen un abanico de oportunidades de aprendizaje y autoconocimiento y ese es tu regalo, la posibilidad de elegir lo que conecta contigo, con tu ahora, con el presente para que puedas construir cada día, una vida que se siente tuya, que es amable, llena de posibilidades y amor. Y sobre todo para que cada día cumplas tu misión.

Mamá de 3. Psicóloga, experta en disciplina positiva. https://www.facebook.com/viviendoendisciplinapositiva/

Nissely Herrera – who has written posts on Ladrona de frases.


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