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Pronto habré cruzado el umbral. El cuerpo lo anuncia con la elocuencia de sus cambios, mi espíritu lo sabe desde el día de nuestro nacimiento, las mareas mentales también hacen lo suyo.

Surgen dudas ¿Qué sucederá con el fuego que reconozco en mi interior? Hasta ahora, sus llamas son un sentimiento permanente. Esa hoguera representa tanto. Es un símbolo del afán femenino, de la capacidad del cuerpo para sentir amor y dolor, de la curiosidad. Los apetitos mentales no entienden de cronología. Puede que necesite cambiar su forma de arder para que el otoño no apague el afán. Tal vez su inquietud sea indispensable para salvaguardar el equilibrio.

Somos, las mujeres de cinco décadas, una interrogante en un siglo que ha planteado posibilidades científicas para no sucumbir a la vejez como se conocía en el siglo XX. Y no me refiero a temas estéticos, a soluciones para apuntalar distintas versiones de belleza física. Eso es accesorio, es anterior. Hablo más bien de los procesos hormonales que inevitablemente se entrelazan con la emoción, con el espíritu y su nueva mirada.  

Llegué al mundo en el anochecer de una fecha poco común. Mientras nacía, el hombre pisaba por vez primera la Luna. Cumplimos, el alunizaje y yo, 50 años el año pasado. Vi en la televisión la conmemoración del logro espacial. Neil Armstrong se movía con escasa resolución, como animación infantil, en una gastada filmina. La relevancia de esa conquista perdió…relevancia. Sentí en cada poro, tal como asimilé el acontecimiento en blanco y negro, mi condición de vieja historia. 1969 es pieza de museo.

La primera contradicción que reventó en mi entendimiento fue el aprendizaje pendiente. Mi cuerpo se desencuentra en las mareas hormonales del climaterio. Un día nos entendemos y al siguiente discutimos. Como todas.  Al mismo tiempo la mente alimenta con ferocidad un apetito de conocimiento desalineado con la cronología. Una espiral de cuestionamientos sube y baja sin encontrar respuesta acertada.

Me di a la búsqueda de hechos y respuestas, leí mucho acerca del tema. Rescato dos o tres principios valiosos para delimitar un terreno sólido. Al margen de una piel que se arruga, ojos que dejan de ver como debe verse, calores y dificultades para conciliar el sueño, la clave es estar a gusto con nuestro ser emocional, comprender que la metamorfosis implica crecimiento y sabiduría. No temer. Aceptar.

Aceptación no resignación. Aceptación de nuestro momento adaptado a lo que el interior de cada una necesita para iluminarse, en lugar de complacer lo que la tradición espera.

Precisa balancear los apetitos y deseos, comprender que se vale emprender sueños o sucumbir a tiempos de ocio. Dejar la culpa fuera de combate. Buscar conversaciones edificantes, lecturas que serenen o emocionen. Momentos. Procurar la compañía estupenda del propio silencio. Hacer lo que procure felicidad sin aplicar el yugo de los años, bailar o pintar o emprender nuevas aventuras. Enamorarse de nuevo. Honrar la búsqueda, sea cual sea. Al final del día, envejecer con gracia no es secreto.

Sí. La juventud es una noción que tiende a alejarse. No abandona la memoria, se resguarda discreta para estar si se le busca. Ya no impone ideales ni emite sentencias, reconoce imposible el imperio de su naturaleza.

Una consciencia clara no acepta medias verdades. Me sé mujer que decae en el sinuoso sendero natural de la vida. Quiero inventar una sana decadencia, libre de sobresaltos. Una forma digna y entretenida de envejecer.

Se vale fantasear con ánimo poético. Los días de la estación nueva llegan con otro tipo de iluminación. Ocre y marrón, con polvo de estrellas para procurar pizcas de ilusión, algunas de locura, para suavizar el andar, ahora que el terreno se empina.

Para envejecer con significado, exijamos a la mente disciplina férrea, queda mucho aprendizaje en diferentes tinteros. Y los queremos todos. Contrario a teorías del pasado, nunca es tarde para aprender. Las buenas ideas reconocen el nuevo tono del tiempo, son bálsamo contra la obsolescencia. La fertilidad de la mente es un pacto celebrado con la vida sin importar la edad. Sin el fluido creativo es imposible sobrevivir la travesura del tiempo.  

Al cuerpo pido templanza para continuar el viaje que las hormonas dictan, serenidad para aceptar destinos desconocidos, coraje para combatir lo combatible, consciencia para reconocerse maduro. Del alma espero sabiduría, fuerza para abrir las puertas que el camino ofrezca, fe en el futuro, entusiasmo, movimiento. Ternura, toda la ternura del universo.

¿Amor? siempre. Para dar y darnos, para no perder la dirección que dicta la brújula en otoño. Amar para llegar a la última estación con las alforjas llenas de besos.

Una forma muy humana para bien envejecer.

Nicté Serra de Piñol

Desde pequeña soy lectora empedernida. Escribí mi primer poema a los 9 y desde entonces no he dejado de escribir, cuentos, poemas, ensayos, lo que la vida inspire y demande. Ser editora del periódico estudiantil, “La Estrella” (Colegio Monte María) abrió para siempre la puerta a mi pasión por el arte de la palabra. Divido los días entre mi profesión como directora de finanzas en un grupo empresarial, mi familia y la escritura. Por supuesto, la lectura nunca falta. He colaborado en distintas publicaciones impresas y digitales. Actualmente soy bloguera del medio digital Relato.gt y reseño libros para Sophos, La Revista, de forma permanente. En el 2018 escribí una serie de artículos para Look Magazine y fui colaboradora editorial del libro Entre Chapinas. Moriré escribiendo y leyendo. No conozco otra forma de caminar la vida.

Nicté Serra de Piñol – who has written posts on Ladrona de frases.


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