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«En estos tiempos donde pronunciarse acerca de tal o cual cosa significa ponerse pañuelos celestes o verdes, salir a protestar y hacer videos con la esperanza de que se vuelvan virales, prefiero tomar aire y poner atención a mujeres como ella, que decidió poner en práctica sus convicciones»

Se levanta más temprano que de costumbre para dejar hecha la comida del día. Se arregla con ropa sencilla, pero impecable. Da el desayuno a todos, deja instrucciones y se apresura a la parada de bus. Una vez al mes se dedica a escuchar y compartir en el grupo en el que varias otras familias que han adoptado y acogido temporalmente se apoyan compartiendo las cargas, dilemas, dolores y alegrías de caminar distinto a la gran mayoría. Todos los que vamos sabemos que no somos súper héroes y que no podemos solos -ni deberíamos intentarlo-.

Ella y las demás mujeres que nos damos cita mes a mes somos creyentes, mamás, hermanas, tías, mentoras, amigas… confieso que ya le he tomado aversión a poner otras etiquetas, incluso me atrevo a decir que las primeras feministas no sabrían reconocer a quienes hoy portan ese nombre, porque defienden causas y cosas que ellas encontrarían inmorales.

En estos tiempos donde pronunciarse acerca de tal o cual cosa significa ponerse pañuelos celestes o verdes, salir a protestar y hacer videos con la esperanza de que se vuelvan virales, prefiero tomar aire y poner atención a mujeres como ella: ni es millonaria, ni profesional del desarrollo humano, ni figura pública y no le interesa serlo. Ni siquiera viene de un trasfondo de unión familiar tipo anuncio de tv… es simplemente una cristiana, que junto a su esposo e hija, decidió poner en práctica sus convicciones y hacer parte de su familia a tres más: a un hijo por adopción (que llegó cuando tenía menos de seis años) y más recientemente a una hija adolescente por medio del acogimiento temporal, quien es madre de un niñito que les ha llegado a alegrar la casa.

Su rutina incluye ver deberes escolares, escuchar dilemas existenciales, enseñar a cambiar ropita de bebé con delicadeza y buscar ayuda cuando las pesadillas regresan, claro, mientras sigue con todo lo que ya hacía. Es una cadena de pequeños actos de bondad perseverante y anónima que en realidad la hacen verdaderamente revolucionaria.

Estamos inundados de opiniones por todos los medios, de posturas e ideologías, pero estamos escasos de ver ejemplos de verdadera valentía y amor sacrificial, y aunque no abunden estas mujeres, siempre han existido… esta no es una estrategia novedosa. Defender la vida poniendo nuestra propia comodidad y misma vida en la línea de fuego y quedarse para lidiar con las implicaciones, es simplemente la manera de Dios.

No sé cómo llamaríamos hoy a las dos comadronas que aparecen en el segundo libro de la biblia llamado Éxodo, quienes, siendo hebreas y esclavas en Egipto, fueron llamadas por el mismísimo faraón con la instrucción directa de matar a los bebés varones al nacer y que se dieron la vuelta solo para ignorar la voz del hombre más poderoso de la época para salvar vidas. No sé ¿cómo se llamarían hoy? Badass, locas, radicales, fanáticas, retrógradas, inconscientes por «traer a esos niños al mundo a sufrir»? No sé, pero Dios las llamó bienaventuradas.

Cómo madre de un niño y tres niñas, mi mayor deseo no es que sepan cómo me llamaban las voces de este siglo, quiero que vean mis actos y los de mujeres como mi amiga y logren atar cabos: nuestra creencia en Dios nos llevó a decidir la vida que llevamos y a valorar lo que Él valora. Sea como sea que eso se llame.

Aixa de López

Como madre de un niño y tres niñas, mi mayor deseo es que logren atar cabos: nuestra creencia en Dios nos llevó a decidir la vida que llevamos y a valorar lo que Él valora.

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