
Si trato de recordar el momento exacto donde se despertó en mí la maternidad, puedo con certeza decirte que habré tenido unos 8 o 9 años, sí, ahí en mi cuarto, rodeada de muñecas y bebés llorones.
Soy hija única mujer, tengo dos hermanos varones así que no me digas que mi entorno tuvo la culpa, ese deseo no puede ser natural, es algo divino puesto en las mujeres por el creador perfecto de todo, Dios.
No es mi primera vez escribiendo para este blog, pero por alguna razón ha sido de las veces en las que más he reiniciado, y me tuve que detener y cuestionar si lo que estaba escribiendo venía de mi corazón o había algo que no había manejado bien y a tiempo.
Quedarme en casa no fue renunciar
Decidir quedarme en casa para dedicarme a mis hijos no fue una decisión impulsiva ni fácil de tomar. Recuerdo perfectamente la noche antes de regresar a trabajar; era la segunda vez que pasaba por esto, ya tenía experiencia en trabajar dejando a un bebé en casa al cuidado de alguien más, pero en esta ocasión se sentía diferente, ya no era dejar a uno, era dejar a dos y esa idea no me tenía tranquila.
Fui a la cocina a arreglar lo que llevaría de comer para mi y organizar la comida de mi hijo de 3 años y de un bebé que era lactancia exclusiva con quien no lográbamos hiciera sus tomas en biberón, de repente empecé a llorar. Mi esposo me vio, me abrazó y me dijo “¿no quieres regresar verdad?”, pero dentro de mi había un miedo aún más grande y era aprender a vivir con un solo ingreso y ahora 2 hijos.
¿Por qué priorizar la maternidad se siente como ir contra la corriente?
Vivimos en un mundo donde constantemente se asocia el éxito a una carrera profesional y priorizar la maternidad puede sentirse como ir en contra de la corriente, sin embargo, con el paso del tiempo he ido confirmando que fue una de las mejores decisiones, quiero que sepas algo, no es la única, pero era la favorable para mí en ese momento.
El privilegio de estar presente en cada etapa
Desde que tomé este camino he tenido el privilegio de estar presente en cada etapa de mis hijos, he visto de cerca sus primeros logros, sus retos, sus cambios, y he podido acompañarlos no solo como madre si no como una guía constante. Estar en lo cotidiano, en lo simple y en lo importante, ha fortalecido el vínculo que sé será la base para toda su vida.
Me han visto de chef, de chofer, de porrista, de decoradora, de máster en manualidades, y estoy segura de que el día que les cuente todo lo que hacía siendo una mujer profesional se van a asombrar aún más, o tal vez no lo crean jajaja.
Ser mamá a tiempo completo también es trabajo
Pero a pesar de haber visto todo esto de primera mano no podía evitar sentirme como que no hacía nada, ¿puedes creerlo? Y me ha tomado tiempo entender que la maternidad implica entrega constante, organización, paciencia y una capacidad de adaptación enorme, y esto aplica para todas, pero ser mamá a tiempo completo me ha enseñado habilidades que no aprendí estando detrás de un escritorio, pero claro que ha habido sacrificios, aprender a dejar de lado esa cierta independencia económica o cosas tan banales como poder tener una conversación adulta sin ser interrumpida cada minuto.
El proceso me ha hecho crecer como persona. He descubierto en mí nuevas fortalezas, he redefinido mis prioridades y he aprendido a valorar el impacto que tiene mi presencia en la vida de mis tres hijos, porque sí, se sumo una preciosa niña a la ecuación. No es un camino perfecto, pero sí uno muy significativo.
La maternidad no es una competencia, es una comunidad
Quiero cerrar diciéndote algo, lo estas haciendo bien, si decidiste quedarte en casa por ellos todo va a valer la pena, pero si decidiste seguir trabajando también, porque la maternidad no es una competencia, es una comunidad de mujeres poderosas que muchas veces se ponen en segundo plano para ver brillar a sus hijos. ¡Dios te bendiga!
También puedes leer: La maternidad no me diluyó, me reconstruyó
Deja una respuesta