
«La belleza no es solo un oficio: es un motor de vida»
Desde niña, Carmen Reyes soñaba con dedicarse a la belleza, pero la vida la llevó primero por otro camino, y no fue sino hasta los 40 años cuando por fin pudo abrir su propio salón. Lo que para muchas habría sido un punto de llegada, para ella fue apenas el comienzo.
Al entrar de lleno en el oficio, se topó con una carencia que la marcó: en el país eran escasas las opciones de formación verdaderamente especializada. Empezó entonces a viajar para estudiar las tendencias internacionales y aprender de los mejores referentes del mundo. En cada viaje confirmaba lo mismo: la mayoría de las profesionales guatemaltecas jamás tendrían acceso a esas experiencias. Decidió, entonces, traerles esa formación a casa. Así nació Belleza Total.
Una convicción: la belleza como motor de vida
«La belleza no es solo un oficio: es un motor de vida. Cuando una persona aprende con excelencia, genera ingresos, independencia y oportunidades reales», explica Carmen Reyes. Esa idea —que el conocimiento bien enseñado cambia destinos— se volvió el centro de todo lo que construyó después.
Su propósito fue traer a Guatemala el espíritu de los grandes encuentros internacionales que ella misma había vivido fuera, para que ninguna profesional del país tuviera que cruzar fronteras para acceder a ellos. Hoy ese congreso es referente de educación en belleza en Centroamérica y este año celebró su edición número 23.
Mujer que inspira a mujeres
Su obra más importante no se mide en marcas ni en eventos, sino en las familias que dependen de este oficio. En la belleza, miles de mujeres han encontrado una fuente de empleo y de sustento para sus hogares; y es ahí donde su legado cobra su verdadero sentido.
La gran mayoría de quienes se forman con ella son mujeres. Muchas son madres solteras que sostienen solas a sus familias y que, con un corte, un color o el diseño de una uña, hallaron la manera de salir adelante con dignidad. Otras viajan desde los rincones más lejanos del país, muchas veces con recursos propios, porque saben que ahí está la formación capaz de cambiar su historia.
De esa comunidad nacieron también las Lady Barbers: mujeres que decidieron abrirse paso en la barbería, un terreno tradicionalmente masculino. Lo que empezó con apenas 30 personas hoy reúne a 500. Cada una de esas historias devuelve, multiplicada, la misma inspiración que Carmen Reyes sembró.
Veintitrés años de pie
Sostener un proyecto así durante más de dos décadas no fue sencillo. Si algo ha definido a Carmen Reyes es la combinación de innovación y resiliencia: la primera, para seguir aportando valor año con año; la segunda, para resistir lo que el camino trajo. Desastres naturales, crisis económicas y una pandemia que sacudió a toda la industria: cada obstáculo la encontró de pie.
Un legado que se hereda entre mujeres
La continuidad de ese sueño ya tiene relevo, y no es casualidad que también lleve nombre de mujer. Su hija, Carmen María Solares —estilista con 24 años de trayectoria y consultora de imagen certificada—, representa a la segunda generación de una historia familiar que sigue creciendo: una mujer que aprendió de otra para seguir inspirando a muchas más.
Más que belleza
Carmen Reyes mira hacia adelante con la misma convicción de siempre: ayudar a que más emprendedoras se conviertan en empresarias, acompañándolas con mentorías y formación que les permitan crecer de manera sostenible.
Quizás por eso su historia inspira tanto. Empezó tarde, según los relojes ajenos, y aun así construyó algo que hoy sostiene a miles. Su mensaje, después de 23 años, sigue siendo el mismo: que ninguna mujer tenga que irse para aprender, y que nunca es tarde para empezar el camino propio.
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