Tiempo de lectura: 3 minutos

«Los libros nos conectan con los demás, pero esa conexión se produce en solitario: un lector sentado escuchando a un escritor, lo que John Irving define como un genio hablando con otro».

   —Lewis Buzbee, The Yellow- Lighted Bookshop

Decidir cuál es mi libro favorito es tan difícil como elegir un chocolate de una caja de bombones surtidos. Amo los libros y hay tantos que han dejado huella en mi vida que sería injusto mencionar solo uno. Hay libros que atesoro en mi mesa de noche o en mi librera de consentidos. Me gusta tenerlos cerca para hojearlos o releer algunas líneas antes de dormir (un ejemplar antiguo de Where the Wild Things Are, dos tomos de Las mil y una noches —los cuentos que me abrieron la puerta del mundo de los libros—, Mujeres que corren con los lobos —un maestro—, The Yellow-Lighted Bookshop —un homenaje a los libros y a las librerías—). 

Recorro mis libreras y descubro obras que son especiales porque me remontan a otros tiempos (Retrato en sepia, que leí cuando vivía en Nueva York o Mujeres de ojos grandes, que me acompañó en uno de los primeros  viajes que hice sola). Otros me recuerdan conversaciones con mi mamá o con mis hermanas, porque los hemos compartido, comentado y disfrutado juntas (Tiempo entre costuras). Hay libros  que evocan noches con la luz encendida hasta la madrugada (Cien años de soledad, Snow Flower and the Secret Fan) o que me hacen sentir cerca de personas amadas (un Doce cuentos peregrinos, dedicado por mi papá, y un Don Quijote, dedicado por mi suegro). 

En mi lista de favoritos no pueden faltar los libros de misterio (The Curious Incident of the Dog in the Night-Time, The Truth About the Harry Quebert Affair), después de todo, soy una lectora que se inició con Agatha Christie. Hay libros que me han permitido conocer a personajes que me intrigan (Lust for Life —la biografía de Van Gogh—), obras que he “descubierto” gracias a mis cursos de Literatura en la universidad (En plena bohemia, Madame Bovary) y novelas que han sido excelentes recomendaciones de mis amigas lectoras (Seda, La elegancia del erizo).

Si tuviera que elegir un libro y decir «este es mi favorito» (o dos, como me “autorizaron” cuando me pidieron que escribiera este artículo), diría que son Como agua para chocolate y Pedro Páramo, dos novelas que he leído muchas veces y que disfruto cada vez que me encuentro entre sus páginas. Son lecturas que cambian con el tiempo y que me ayudan a percibir cómo he cambiado a través de él. Son obras que me hacen vibrar, que despiertan mis sentidos, que me muestran que al leer puedo ver, oír, saborear, oler y sentir en mi cuerpo y en mi piel lo que un autor expresa, lo que un protagonista siente. Amo estos libros porque me hacen experimentar el poder de las letras, el poder de las palabras, esa fuerza que, combinada con la magia del escritor y la imaginación del lector, nos permite conectarnos con otros, con nosotros, con los libros. 

Como agua para chocolate es una novela que leí cuando era adolescente y que disfruté desde la primera vez. La leí de nuevo en un taller de escritura y, una vez más, en mi clase de Literatura Hispanoamericana. ¿Por qué me gusta tanto? Al igual que con los bombones, es difícil señalar un porqué. Es una novela de lectura fluida y placentera, una historia de mujeres poderosas y tiernas, un libro lleno de magia, de nostalgia, de sabores y sensaciones. Como en una receta de cocina, en esta obra se combinan a la perfección amores puros y pasiones escandalosas, con guerra, odio y dolor. Me recuerda mis días en la finca, los secretos y complicidades entre hermanas, las recetas de las abuelas. Me hace salivar por sabores nuevos como Codornices en pétalos de rosa, evoca conversaciones en la casa de mis padres, porque todos leímos ese libro y Tita y sus recetas fueron tema en nuestra mesa. Como agua para chocolate es una novela que me muestra cómo una narración sencilla, contada desde el alma, puede transmitir grandes emociones. Esta obra de Laura Esquivel siempre tendrá un lugar especial en mi corazón. 

El otro libro es Pedro Páramo. Una joya. Una novela cargada de nostalgia, de pasado, de sensaciones. ¿Por qué elijo esta obra de Juan Rulfo como una de mis favoritas? Por la riqueza en las imágenes que evocan ese pueblo perdido en el tiempo, por la fuerza de las palabras de Rulfo, por el ritmo de la novela que se queda sonando en las paredes de mi memoria como una campana que continúa vibrando después de repicar, porque cada vez que lo leo me transporto a un tiempo y a un lugar suspendidos en una dimensión que no puedo describir y de la que me toma un par de horas regresar.  Cada vez que leo  esta obra maestra, Rulfo me hace sentir la fuerza de las palabras.

Analú Castejón

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