Cinco años después del nacimiento de mi primera hija, recibí la grata noticia que sería madre de gemelos. Mi embarazo fue catalogado de alto riesgo, así que cada cita con el médico estaba llena de incertidumbre.

Los pronósticos eran reservados, pero me aferré a pedirle a Dios por la vida de mis hijos, quienes llegaron de 29 semanas de gestación. Cuando cumplieron dos años comencé a notar que no hablaban, no tenían contacto visual, parecía que no escuchaban y tenían movimientos repetitivos. Se lo atribuí a ser prematuros, pensé que todo era cuestión de tiempo, pero la situación no se alteró.

Después de varias evaluaciones médicas escuché el diagnóstico: trastorno del espectro autista (TEA). Incluso siendo enfermera no sabía lo que significaba, era algo nuevo para mí. Oí que me decían que mis hijos no hablarían, no me te entenderían, no se desarrollarían como niños normales, que estaban en su mundo y que de ahí no los podría sacar.

Entre tanta información negativa, le pregunté a los especialistas ¿qué puedo hacer por ellos? La respuesta fue “terapia, su avance dependerá de las intervenciones y de lo que puedas ofrecerles”. En mi interior decidí tomar esto como un reto y una meta; no podía dejar de intentarlo y me programé ¡sí se puede! Las madres somos una pieza fundamental en el desarrollo de las capacidades de los hijos, pensé, el autismo no tiene por qué ser una limitación.

Mi casa se convirtió en un salón escolar. Todo estaba rotulado para desarrollar las funciones ejecutivas y creé todo tipo de carpetas y cartulinas con dibujos, calendarios y acciones simples –pasos de cómo lavarse las manos, diferentes tipos de comida, pasos de cómo vestirse, etc.– que los ayudaran a entender visualmente el mundo. Jugar y aprender de esa manera fue crucial. También fortalecí cada área y talento que me mostraban. Por ejemplo, la música fue una pieza clave en mi hijo y el arte del dibujo para mi hija.

¡Cuando vences tus miedos destruyes tus límites! Esto me llevó a que mis hijos no se estancaran en su zona de comfort y a sus once años han logrado cosas contrarias a los pronósticos. Son artistas que desarrollan sus talentos en mi mundo. Asisten a una escuela ordinaria, son sociables, les gusta compartir con otros niños y les encantan las fiestas de cumpleaños.

Me ha costado mucho quitar la etiqueta que pone la sociedad ante un diagnóstico de autismo, pero Dios me ha dado la fuerza para sacar lo mejor de mis hijos y contradecir a quienes piensan que es una tragedia o el fin del mundo. Yo decidí creer en ellos, crecer con ellos, amar lo que aman, sentir lo que sienten. El autismo me hizo una madre diferente y no niego que mis hijos son distintos, cada día sigue teniendo su propio reto, pero estoy segura de que seguirán asombrando.

Brenda Esquilin

Enfermera de profesión a quien la vida le cambió las fichas del juego y se convirtió en una guerrera del amor e igualdad.
Mujer que ama y disfruta de lo simple y es amada por Dios.
Madre que contra todo pronóstico decidió sacar lo mejor de cada circunstancia.

Brenda Esquilin – who has written posts on Ladrona de frases.


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