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Cuando no entendemos las adversidades podemos renegar o dejarnos derrotar, yo estuve a punto de darle todas mis fuerzas a la cuarentena, pero luego vi una oportunidad que me abrió las posibilidades para mi emprendimiento.

Esta temporada de encierro ha sido para mí una montaña rusa de emociones, cuando empezó había cierta emoción por lo desconocido, jamás habíamos estado encerrados sin poder salir tanto tiempo y teniendo dos pequeños en casa era más bien acostarme haciendo ideas de cómo me iba a tocar entretenerlos el siguiente día.

Soy una mujer muy activa, a veces demasiado, no sé estar quieta, mi cerebro no conoce el significado de la frase “no pensar” y desconectarse es casi una misión imposible. Antes de la cuarentena vivía mi vida llena de actividades, mis semanas tenían programadas entrenos de futbol, clases de estimulación temprana, reuniones de la iglesia, visitas a la familia, clases de cocina y una que otra salidita con amigas o con mi esposo. Para este momento la frase “no tengo tiempo” se repetía una y otra vez diariamente.

Haber tenido que hacer una pausa obligatoria fue caótico para alguien con mi temperamento, los primeros 4 o 5 días fueron una aventura, pero poco a poco me fui apagando hasta llegar al punto que un día tuve que encerrarme a llorar en el baño y quedarme dormida sobre la alfombra, sí, no estoy exagerando, eso realmente pasó. Esta no era yo y estaba dejando que el encierro me afectara.

Conversando con mi esposo me animó a retomar mi blog de recetas de cocina. Él, como siempre tan soñador y lleno de fe, dibujó mi brillante futuro en papel y me habló de un canal de Youtube, de redes sociales, de cámaras, de luces y yo aún estaba procesando el tener que sentarme detrás de las teclas de mi computadora para escribir el poco conocimiento que tenía de cocina.

Pero ese día tomé la decisión de empezar a fotografiar los almuerzos que preparaba para los míos y sin darme cuenta ya llevaba alrededor de 30 recetas sin repetir ni una sola, eso dio paso a una de las tantas aventuras que me acompañarán gracias al COVID-19, abrí mi canal de recetas de cocina en Youtube.

¿Alguien es malabarista? Pues yo no, y hasta ahora sigo sin entender en qué momento se me ocurrió. Las primeras semanas mandé a mi esposo con los niños al jardín para evitar ruidos, de ese día para acá han transcurrido dos meses y hoy no sólo tengo un canal sino una panadería, sí, una pelota más que añadir.

Todo empezó el día que quise hacer una receta para el canal que requería de un pan tipo Brioche, así que me di a la búsqueda en redes y encontré una panadería que lo hacía y cuando los contacté me dijeron que era solo bajo pedido y que no disponían de él, fue cuando dije “¿qué tan difícil puede ser hacer un pan de este tipo?” Una cosa llevó a la otra y el resto es historia.

Hoy horneo un promedio de 60 panes artesanales en 3 días que son los que uso para mi nuevo emprendimiento, todos hechos por mí, a mano, de cero y algunos con un reposado de más de 12 horas para que el fermentado de sus ingredientes sea una explosión de sabor.

¿Tengo tiempo? Quisiera decirte que no, pero cuando realmente quieres algo y te apasiona no te importa levantarte cuando aún el sol no sale y acostarte muy tarde. Han habido noches donde me acuesto con el cuerpo casi dormido de tan cansada y a pesar de dormir entre 5 y 6 horas me levanto fresca y con muchas fuerzas, eso solo te lo puede dar una pasión.

Quiero dejarte con algo, muchas veces no vamos a entender las adversidades, podemos renegar, podemos dejarnos derrotar, yo estuve a punto de darle todas mis fuerzas a la cuarentena, pero luego vi una oportunidad, no sabía que era buena, es más, si me hubieran dicho que iba a estar haciendo esto hoy no lo creería, pero aquí estoy, son las 23:00 p.m. y estoy frente a la computadora tratando de poner en letras una fe esperanzadora que muestre que sí podemos salir adelante, que somos capaces y que fuimos creados con muchísimos talentos.

Busca dentro de ti hasta encontrarlo, seguro te sorprenderás.

Vanesa Juárez de Muñoz

Porrista número 1 de los míos. Artista. Fanática de la cocina y del buen comer. Comunicadora social de profesión, pecho amarillo de corazón.

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