Yo comparto mi vida con el hombre correcto.

Cuando era niña soñaba con un príncipe azul, uno que me rescatara de la vida gris que llevaba ¡y efectivamente llegó! Un día se paró frente a la puerta de mi casa con un hermoso ramo de flores, mientras yo estaba del otro lado de la puerta con una mascarilla de miel que embadurnaba todo mi rostro y me negaba a recibirlo. Mi abuelita se acercó a mí y me dijo “ese muchacho es el indicado”. ¿Solo por un ramo de flores? me pregunté a mí misma, pero luego comprendí que había algo más.

Así empieza la historia del hombre perfecto en mi vida, un hombre que me llenó el camino de flores, que me puso un anillo en la mano, que me abrazó cuando lo necesitaba, que me dio un beso en la frente con el que me susurró al alma “aquí estoy” y tuvo la gracia de romper con todos los esquemas, las expectativas y superó todos mis estándares con creces.  

Tengo que reconocer que mi primer hombre perfecto, mi primer amor, me falló y en ese instante se fracturó la imagen masculina que una mujer construye desde su niñez. Él, que debía acompañarme a mi graduación, protegerme y cuidarme me abandonó, se fue, me dejó, huyó en el momento que más lo necesitaba.

Es comprensible que creciera pensando que el hombre perfecto no existe. Ante los errores de las personas que tienen protagonismo en nuestra vida, damos por sentado que todas las demás son iguales, dejamos de creer en las otras personas que nos rodean, construimos ideas erróneas de cada una de ellas, nos volvemos demandantes tratando de llenar nuestras propias expectativas y vacíos, con el tiempo perdemos de vista que también estamos llamadas a ser la mujer perfecta de alguien más…

Mi hombre perfecto tiene el mismo nombre de mi padre, un obstáculo más para creer que podría ofrecerme una vida diferente, pero con el tiempo descubrí que los errores de una persona no se pueden atribuir a todas y que nuestras vivencias forman esquemas mentales equivocados que hay que corregir a través de soltar el dolor, perdonar y abrazar la oportunidad de vivir una vida diferente y hacer cosas que cambien patrones de vida.

Si el proceso que nos daña se da gota a gota, no pretendamos que la sanidad llegue de manera inmediata, requiere que vivamos un día a la vez. Puedo decir que me sometí al proceso y vencí el miedo a perder, me despojé de la incertidumbre al futuro, le di cabida a la esperanza y dejé de buscar mi propia venganza. Mi hombre correcto no llenó los vacíos que dejó mi padre, no le corresponde, pero sí me ayudó a sanar mis heridas y me mostró lo perfecto que es para mí.

A la pregunta de si existe o no el hombre perfecto, yo puedo decir ¡sí! Es quien te impulsa a ser mejor, que te devuelve la fe, que te muestra que adelante hay más que lo que dejaste atrás. Además te permite creer que eres perfecta.

Taryn Recinos

Felizmente casada con el tulipán, mamá orgullosa de tres hombres extraordinarios: Dugg, Dieguito y Chepe. Maestra, psicopedagoga y enamorada de Jesús.

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