Podemos y debemos esperar de él que nos respete, nos ame y que convierta nuestros sueños en los suyos, así como nosotras convertimos los suyos en nuestros.

¿El hombre perfecto? Debe vivir en el mismo lugar que Santa Claus o el ratoncito Pérez. Desde mis experiencias de besar sapos en mi soltería, hasta los últimos casi tres años como mujer casada, puedo decir -con un intervalo de confianza bastante alto- que el hombre perfecto no existe. Y, con ánimos de promover la igualdad, me veo obligada a recalcar que tampoco existe la mujer perfecta.

Es una creación producto de nuestro entorno, de los cuentos de hadas cuando somos niñas y de las películas de Hallmark ya mayores. ¡Qué conspiración!

Hecho ese descargo, sí creo que existe el efímero y anhelado “the one”: esa persona que Dios designó es la correcta para nosotras, que llega en el momento preciso (aunque muchas veces pensamos que viene demasiado tarde y creemos que ya escuchamos el woosh del tren que pasó volando frente nuestro, en medio de un desfile de tés de despedidas de solteras). Pero ese hombre llega lleno de imperfecciones, como nosotras, y milagrosamente en medio de ellas calzando justamente en nuestra vida, complementándonos, apoyándonos y retándonos.

Tan diferente al final feliz que siempre imaginamos, encontrar esa persona más bien marca un principio, los primeros pasos de una aventura juntos, de apenas empezar a conocerse y aprender a convivir entre los dos, con sus altos y bajos, pero constantes en el compromiso mutuo de amarse de manera incondicional.

Y se podrán preguntar, si llevamos toda una vida soñando e imaginándonos cómo va a ser el resto de nuestra vida con el codiciado hombre de nuestros sueños, ¿qué debemos esperar de él si no la perfección? Podemos y debemos esperar que nos respete, nos ame, que convierta nuestros sueños en los suyos, así como nosotras convertimos los suyos en nuestros. Esperemos que en medio de las dificultades que nos enfrentemos -porque vendrán-, el compromiso que un día se hizo ante Dios se mantenga firme, que la honestidad y el perdón triunfen sobre el deseo de ganar un argumento, y si se puede pedir más, que de vez en cuando podamos escuchar estas simples palabras que nos hacen desproporcionadamente felices: “estás demasiado flaca, comete otro cupcake.”

El hombre de mis sueños terminó siendo muy diferente a lo que yo tenía en mi lista, a como pensaría que iba a ser porque realmente no me atrevía a soñar con un principio así para nuestra historia. Y en medio de eso puedo decir que Dios sabía lo que hacía al ponerlo en mi camino: que ha sido la estabilidad y balance que necesito, que sé que no podría cumplir mi llamado sin él a mi lado, porque no me toca hacerlo sola, y lo mismo va para él conmigo. Lejos de ser perfecto, esperemos que sea el correcto, porque lo demás son puros cuentos.

Melissa González

Melissa es una administradora de empresas y economista que habla demasiado rápido y tiene el paladar de una niña de 5 años. Disfruta leer novelas románticas que probablemente están escritas para adolescentes, viajar, ir a la playa y practicar yoga y pilates. Había prometido que cuando se casara no seguiría trabajando desde la casa, y ahora que cuando tenga hijos. Su esposo no está muy convencido, pero la ama igual.

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