¡Primero debes reconocer que llegó tu turno! Sal de tu zona de confort y avanza a encontrar tus sueños archivados.

Hace dos años empecé mi búsqueda interna. Estaba a poco tiempo de cumplir mi objetivo de vida, hijos felices y exitosos, a quienes me dediqué en cuerpo y alma durante un par de décadas. Trabajé arduamente por ellos y para ellos, como sucede de manera natural, mientras ellos crecían archivé mis sueños y metas personales.

Y como todo tiene su tiempo, llegó el momento en que mi propio cuestionamiento sobre mi futuro me incomodó. ¿Qué haría el resto de mi vida, con mis sueños y planes? Lo primero que tuve que reconocer es que ¡era mi turno!

El siguiente paso fue encontrar respuestas a las siguientes preguntas ¿por dónde y cómo empezar? Después de un tiempo en el que sobreviví medio sonámbula y estancada, tomé la decisión de participar en un proceso de coaching. Deseaba que me ayudaran a encontrar el camino para mi próximo capítulo. 

El proceso me llevó a replantear un sinfín de temas profundos, fue como sacar un baúl empolvado y olvidado dentro de una gran casa, no era más que una carga emocional. En este recorrido, guiado por un profesional, exploré diferentes escenarios. No fue cómodo ni fácil, pero poco a poco empecé a salir de mi zona de confort para emprender acciones. Me aventé a hacer cosas inusuales, pero eran necesarias para tener mayor claridad de quién era yo y sobretodo determinar lo que quería.

Durante ese período trabajé al menos tres posibles caminos. Fue un ensayo de prueba y error, que al final me permitió avanzar y empezar a ver frutos de este nuevo camino personal que iluminaron el sendero y fue así como determiné que no quería seguir en un mundo corporativo, altamente competitivo, demandante, que me generaba altos niveles de estrés y que se reflejaba en un dolor intenso en mi espalda, que me acompañaba las 24 horas del día y me obligaba a ingerir medicamentos cada vez más fuertes.

Me sentía ofuscada y atrapada dentro de una caja que no podía salir. Pero como todo en la vida, mis movimientos me llevaron al final del túnel. Llegué a la claridad de lo que quería: me encontré con mi propio propósito. Aunque estoy inmensamente afortunada por las oportunidades que he tenido, las empresas en las que me formé y proyecté, me dejaron una gran experiencia.

Quienes me conocen saben que, por mucho tiempo expresé mi anhelo de ayudar a mujeres guatemaltecas y parece que para eso estaba destinada. Este fue uno de los escenarios que proyecté. Ahora me dedico a empoderar a niñas indígenas de Sololá, donde he encontrado la oportunidad de reinventarme.

Mi reinvención

Hoy me desempeño en MAIA, una organización sin fines de lucro que aporta al movimiento global por la equidad de género, otorgando educación, transforma el futuro y contribuye a la reducción de la pobreza en el país.

Ahora mi esfuerzo y trabajo tiene un propósito que trasciende e impacta. Sobre todo soy feliz, me siento como una mariposa llena de colores revoloteando por todos lados.

Creo que no hay edad para reinventarse, no hay que esperar para llegar a los 40, 45 o 50 años para reinventarnos, siempre es el momento para empezar. Sí se puede, tienes que creer en ti, retarte para salir de tu zona de confort y decir en voz alta tus sueños a cuantas personas tengas alrededor. De esta manera llegará a ti lo que quieres. 

Tete del Cid

Profesional y mamá. Disfruto tener muchas amistades, me apasionada empoderar a mujeres a través de la educación y sueño con conocer todo el mundo.

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