Creo que la vida es un regalo y no quiero desperdiciarlo. Nunca se sabe con lo que uno se va a encontrar. Hago que valga cada día”.

Jack (Titanic)

Conforme pasan los años, las tormentas sacuden nuestra vida o llegan a desbaratar nuestros planes, se hace necesario inventarnos, no una sino muchas veces y en varias áreas de nuestra vida.

El término reinventar se refiere a volver a inventar, “hallar o descubrir algo nuevo o no conocido” y un ejercicio al que debemos someternos. Ya sabemos que no basta con hacer cambios de forma, sino de fondo, llegar a descubrir algo que quizás está dormido dentro de nosotras o se quedó congelado junto a un sueño. A lo mejor está detrás de esa vocecita que ha estado instalada en nuestra mente, la que describe Simplemente Rosita en su columna, y que nos ha cortado las alas haciéndonos pensar en el qué dirán, en la vergüenza, en el clavo.

Si tu vida no es como la soñaste ¿qué te hace conformarte a vivirla así? ¿Qué acontecimiento esperas para visualizar algo mejor para ti y para tu familia? ¿Por qué has renunciado a tus sueños profesionales y te has dedicado a eso que no te apasiona? No siempre debemos partir de un divorcio, una enfermedad o una quiebra para tomar acciones que nos permitan cerrar capítulos e iniciar nuevos.

No olvidemos que la reinvención también puede ser individual o en familia, hay eventos que nos empujan a transformar todo nuestro entorno y puede suceder con anestesia o sin ella. Por eso vale le pena que de vez en cuando nos autoevaluemos para descubrir qué retomar o qué aprovechar al máximo.

Admiro a mis amigas que después de un divorcio se encontraron a sí mismas y están viviendo etapas de redescubrimiento; otras dejaron ese trabajo que era eso, un trabajo que ejecutaban sin pasión y hoy están sirviendo al prójimo; están aquellas que decidieron emprender después de un despido y hoy son mamás luchonas empezando sus emprendimientos… Todas tienen en común la chispa o brillo en sus ojos. Cuando les preguntan cómo están, irradian felicidad y entusiasmo contando sus experiencias y aunque no la tienen fácil, la pasión las delata.

¡Que cada día cuente!

Reconciliarse con la vida, con el espejo o con la pesa, también es un signo de reinvención, que sucede al “descubrir” nuestra esencia. No digo que la apariencia pase a segundo plano, pues de ella depende nuestra salud física que prolongará nuestra vida y permitirá ver crecer nuestros retoños, familia y proyectos personales. Me refiero a que si atacamos el fondo, aquello que nos marchita por dentro, también terminará reflejándose en la parte externa. Cuántas veces nos hemos sometido a dietas criminales para caber en un vestido y aun cuando bajamos alguito el interior sigue inconforme y se encrudece cuando llega el rebote.

Quiero decir que hay muchas, muchísimas, maneras de reinventarnos. Este mes me ha llevado a meditar en ¿qué quiero hacer? ¿Cómo quiero que me recuerden? ¿Qué ejemplo quiero darles a mis hijas? Estoy en proceso de descubrir las respuestas que vienen desde mi esencia.

Cierro con una frase que muchas amamos en la película Titanic, cuando Jack es invitado a la cena de gala dice “creo que la vida es un regalo y no quiero desperdiciarlo. Nunca se sabe con lo que uno se va a encontrar. Hago que valga cada día”. Darwin, dijo “no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio”, ¡no temas a los cambios, atrévete a colocar las piezas en su lugar para que inventes tu vida, no una sino las veces que sea necesario!

Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre. Robadora de frases. En proceso de construcción. Amante de los viajes, buenos libros y museos.

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