Los hombres jamás comprenderán que estamos de buenas y al ratito de malas. No es que sean insensibles, simplemente no nos entienden.

Mis contemporáneas no me dejarán mentir que de niñas escuchábamos hablar de la menstruación, aunque nos asaltaban las dudas, no nos atrevíamos a preguntar al respecto. ¡Nadie se podía enterar que estábamos en pleno periodo mensual! Eso era todo un secreto que guardábamos a todos los chicos que nos rodeaban.

Crecimos sin hacer preguntas ni búsquedas en google, lo que sabemos hoy lo aprendimos solas o de una amiga mayor que se atrevía a compartir sus experiencias. Afortunadamente todo ese secretismo nos permitió ser diferentes con nuestras hijas, a quienes les hablamos con propiedad del tema.

Los años pasan y la vida se va. En el camino aprendimos de otros procesos y a controlar nuestros cambios hormonales. Los hombres no lo comprenden, ellos funcionan diferente. No entienden que estamos de buenas y al ratito de malas, o que la simple mirada que ayer no hizo mella en nosotras, hoy nos hace llorar cual Magdalena. No es que sean insensibles, simplemente no lo entienden.

No olvido ese proceso con mi mamá, una mujer muy reservada. Se negaba rotundamente a que esa etapa había llegado y que su vida empezaría a cambiar, sobre todo porque en esa época menopausia era sinónimo de vejez, de decadencia y que la vida empezaba su cuenta regresiva. Para mí es diferente, es el tiempo en que aprendemos a decir que no a lo que no queremos, a lo que no nos enseña, a lo que no nos deja nada de provecho espiritual, a no perder el tiempo, a decir que no simplemente porque no queremos. Y a decir que sí a ser independientes, sentirnos útiles, defender lo que creemos y pensamos sin importar lo que opinen los demás. A valorar cada momento con nuestros seres queridos, a saber que la vida no es eterna, a que cada minuto cuenta. A atesorar las cosas y los momentos que valen la pena.

Tengo 44 años, nunca me he restado años, porque cada año cuenta. Con sus alegrías y tristezas, sus altas y sus bajas, sus aciertos y desengaños. Con llegadas y pérdidas. Con los amores y desamores… Al final, todo nos hace crecer como seres humanos. Aun no atravieso por este cambio hormonal, pero no me asusta, llegará y debo enfrentarlo con entereza.

Hace algún tiempo empecé con algunos trastornos, que le atribuí a la meno. Me dije a mí misma, “¡mí misma nos llegó!”. Consulté un especialista, quien confirmó las sospechas. Me pidió que me preparara para una cirugía de extirpación de la matriz y me puso en un tratamiento para que esto no fuera tan agresivo. El tratamiento empezó y culminó sin buenos resultados. Por lo que decidimos buscar una segunda opinión que nos reflejó un diagnóstico totalmente diferente, después de un sinfín de análisis. Nada que ver con doña meno, solo eran problemas gástricos cruzados con hepáticos. Y sin ser necesario, por poco me meten a la sala de operaciones.

Espero que mi historia les ayude a informarse y buscar dos, tres o las opiniones que sean necesarias para que el diagnóstico sea el correcto. Mientras nos llega, sigámonos informando y preparando. ¡Ánimo, la menopausia es una etapa más, capaz de traernos cosas nuevas!

Maria Catalina Estévez

Mujer, esposa, compañera, amiga, amante del buen café y los buenos libros. Creciendo, amando y reinventándome cada día.

Maria Catalina Estévez – who has written posts on Ladrona de frases.


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