Si uno de ellos cae, el otro lo levanta. ¡Pero ay del que cae estando solo, pues no habrá quien lo levante!

Eclesiastés 4:10 (DHH)

Los hombres dan mucho de qué hablar. Son los dueños de las conversaciones de mujeres de todas las edades: aquél es un mango, ahora con la barba se ve más guapo, yo creo que está perfecto, mirá cómo baila, ese papacito está como quiere…

En otra mesa los comentarios pueden ser: ese desgraciado le quemó el rancho, andaba con dos mujeres en la misma fiesta, dejó a su familia y se largó con una patojita, siempre me dio desconfianza ese tipo, es un vividor y mantenido, malnacido dejó embarazada a la chava y ahora no le contesta, no quería firmar el divorcio por la manutención…

Cómo podemos dejar de hablar de ellos si son protagonistas en la historia de nuestra existencia: la vida de casada inicia gracias a la petición de un hombre; la etapa de madres también se da por su intervención y no podemos dejar afuera las discusiones que tenemos en la familia o las amigas por un hombre al que defendemos contra viento y marea.

Este mes hemos explorado la importancia que los hombres tienen en nuestra vida, la que nosotros -sabia o insensatamente- les otorgamos, hemos leído opiniones sobre las características que los hacen perfectos, aunque en realidad solo son seres humanos llenos de imperfecciones que adquieren protagonismo en nuestra existencia cuando despiertan en nosotras el amor, ese cúmulo de emociones que nos llevan a descubrir nuestra propia  imperfección.

No hay hombre perfecto, solo uno adecuado a nosotras. Cuando lo encontramos descubrimos nuestra capacidad para complementarnos, para desarrollar nuestro potencial más alto, para llegar más lejos. Y aunque sabemos que las mujeres son de Venus y los hombres de Marte, hay otro libro muy famoso que habla que dos son mejor que uno (Eclesiastés 4:9-12)

Y como las columnistas lo dijeron, el correcto es el que nos hace brillar, es el fiel en las buenas y en las malas; no es el que coquetea con otras ni esconde la argolla, es el que vela por cumplir nuestros sueños y por proveer en el hogar, es el que nos hace sentir hermosas en la cama y fuera de ella, no ve nuestras estrías ni la grada de la cesárea, es el buen ejemplo para nuestros hijos e hijas, es el que acepta que no hay un método para entendernos, pero sigue intentando descifrarnos.

Claro, puede que más de alguna se haya equivocado y viva con el mal sabor de boca que el hombre perfecto no existe. Hay otras historias de quienes encontraron al perfecto después de un par de intentos y hoy son felices. Y también hay muchas mujeres que viven felizmente solas… Así que no hay una fórmula mágica que le funcione a todas por igual ¿cómo? si cada una de nosotras es un mundo.

Aunque está de moda aprender a “soltar”, también es bueno ponerle atención al “retener”. Si estás con el “correcto” vale la pena cuidarlo, no lo compares con nadie, valóralo y dale lo mejor de ti. Evita “asumir” que él se siente bien, apuéstale a mejorar tu comunicación, busca mantener esa complicidad y aplica la regla de oro: trátalo como te gustaría que te tratara. Y muy importante, no pongas tus ojos en uno que ya tiene «dueña», aléjate de ser la otra porque es probable que te quedes en la sombra, no creas todo lo que dice…

Si sabemos que el hombre perfecto es un “bicho” raro, hay que cuidarlo cuando llegue. ¿Estás de acuerdo?

Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre. Robadora de frases. En proceso de construcción. Amante de los viajes, buenos libros y museos.

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