¡Qué gran rol desempeñan las madres que deben formar a los buenos amigos, profesionales, esposos y padres del futuro!

No recuerdo cuándo nació mi anhelo de tener hijos varones. Lo que tengo presente es el momento en que nos profetizaron la llegada de Matteo, nuestro primogénito, sería «un don de Dios» (eso significa su nombre) y sería igual a Roge, mi amado esposo. Es hasta cuatro años después que todo va cobrando sentido.

Cuando nació se parecía mucho a mi papá, sus facciones eran súper masculinas, morenazo de ojos gigantes. Hoy es la fotocopia de mi esposo, pero no es solo la parte física, es su corazón, sus emociones – algunas explosivas-, su manera de pensar, de organizar, de guardar sus cosas y ese carácter melancólico que volvería loco a cualquiera que no tolere el perfeccionismo.

Aprender a conocerlos me ha ayudado a manejar mejor el estrés de tener en casa a tres hombres… sí, tengo otro, un bebé de un año. Así que mi casa está llena de testosterona todo el tiempo.

Afortunadamente estaba preparada, crecí entre dos hermanos y en mi subconsciente siempre deseé ser mamá de puros hombres, pero ¡oh cielos!! Saben lo que es pasarme el día repitiendo: ¡baja la tapa del baño! ¡Qué shuquis, un pedito! ¡Ay! Me duelen tus abrazos tan apretados. ¡La cabeza de tu hermano no es un balón!

Los hombres son fuertes, machos alfa y pelo en pecho que no saben cómo ser delicados. Pero eso es lo bueno, para llegar a esta conclusión tuve que leer, escuchar y aprender que ellos son diferentes a nosotras, que aman y escuchan de otra forma. Pero esas diferencias enriquecen y complementan nuestra vida.  Comprendí que la vida me había dado una hermosa oportunidad de cambiar el mundo, formando hombres que serán buenos amigos, profesionales, esposos y padres en el futuro.

Sería muy cruel afirmar que con ellos todo son luchas, pelotas y golpes porque tienen un lado sensible que me enamora todos los días. Ellos lloran de tristeza, de frustración y hasta de rabia. Por favor no crean la frase  que “los niños no lloran» y no se los prohiban en casa, está bien formar hijos sensibles, a todos nos cae bien exteriorizar nuestros sentimientos. Mi hijo mayor ha regresado a casa lleno de lodo, después jugar en el jardín, pero con una florecita en la mano, para mami por supuesto. Son como pequeños caballeros sin armadura.

Un libro que marcó mi corazón y me ha servido para guiar a mis hijos fue Salvaje de corazón, de Jhon Eldredge quien afirma que «la aventura está escrita en nuestros corazones. Venimos de un Dios salvaje, peligroso, sin límites y libre». Así que mamá, abraza a los hombres de tu vida, aunque te truenen los huesos y da gracias a Dios por ellos. Agradece la oportunidad que tienes en tu hogar de formar a los hombres del futuro.

Vanesa Juárez de Muñoz

Porrista número 1 de los míos. Artista. Fanática de la cocina y del buen comer. Comunicadora social de profesión, pecho amarillo de corazón.

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