Por ahí leí algo que me pareció muy acertado: estar deprimido no es pecado, sin embargo somos responsables de la manera cómo respondemos a la aflicción y a la desesperación. Es nuestro deber buscar la ayuda, pues fuimos creados para preservar la vida y para disfrutarla».

Todo es bello, hay calma, días brillantes y soleados, los niños en el colegio, un trabajo que se disfruta, muchas ideas de “felicidad” rodean el entorno, junto a un compañero de vida maravilloso con el que se emprenden y se cumplen metas mientras se alcanzan nuevos retos en el camino… Todo parece perfecto, sin embargo, existe algo dentro de nuestra mente y nuestro corazón que no no permite avanzar, es algo que nos ata, ensombrece la cotidianidad cuando te lleva a lo más oscuro, a lo más triste de tu ser, bajo el nombre de depresión

A veces sientes una lágrima caer por tus mejillas y en segundos el dolor se apodera de lo que hace unos instantes era felicidad. Llegan infinitos pensamientos negativos y te preguntas qué pasa. Otras veces solo el sentimiento de soledad invade, la angustia llega, la tristeza quisiera quedarse dentro, como si algo en el interior determinara que todo está mal en medio de esos días perfectos.

Cuando escuchamos hablar del tema nos resistimos. Es difícil reconocer que padecemos depresión. Es como cualquier otro diagnóstico, nos lleva a la negación y aunque este proceso lo he vivido de la mano del Todopoderoso tengo que reconocer que la depre me ha visitado y es desagradable, agotadora y sobre todo abrumadora.

Hace poco leí algo que me pareció muy acertado: estar deprimido no es pecado, pero somos responsables de la manera cómo respondemos a la aflicción y a la desesperación. Buscar la ayuda necesaria es nuestro deber, pues fuimos creados para preservar la vida y para disfrutarla.

También sé de mujeres que, ante la depresión han llegado a cegar su vida. Tengo presente el caso de una colombiana que lo hizo con su pequeño en brazos. La noticia me dejó asustada, al leer que el pequeño gritaba horrorizado, y me llevó a preguntarme: cómo pudo hacerlo. Intento no juzgarla, se me ocurre que no hubo alguien cercano que supiera por lo que pasaba, no tuvo al alcance una mano que la sostuviera o quizás no quiso sostenerse de ninguna mano amiga. Lo cierto es que dejó familiares heridos, no físicamente sino emocionalmente devastados, buscando explicaciones

Tan colorido como lo desees

Una amiga cercana, sin saber exactamente lo que me pasaba me dijo: no le des espacio, no dejes entrar ese mal en tu vida. Sus palabras me dieron la determinación para pelar constantemente. Ella fue un ángel enviado de Dios, a través del cual me dio instrucciones puntuales.

La oración ha sido mi mejor herramienta, junto a la lectura y el mantenerme activa y ocupada. Todo ha dado menos espacio para esos pensamientos y en el camino me he permitido encontrarme con un Dios amoroso que cuida de mí. En la crisis escuché a Dios decir ¡hasta aquí, sal de allí ahora! Y cuando decidí obedecer sus instrucciones, todo, absolutamente todo, cambió.

Mi decisión fue soltarme de la oscuridad en la que me encontraba y tomarme de la mano de Dios y dejarme guiar. Acudí a mis amistades, les revelé mi secreto y dejé que su amor me llenara. Reconozco que a mi familia no la quise involucrar, a pesar de mi cercanía, los mantuve ajenos a esta realidad para no preocuparlos.

Sí, es una lucha constante, un día a día que se puede sobrellevar y evitar que te arrastre al abismo de dolor y oscuridad. Para mí, salir de ella fue tomar una decisión.

Cecilia González

Hija rebelde, madre y esposa más del 100% del tiempo. Amante de la naturaleza, los viajes y el tiempo en familia y con los amigos. Disfruto mi tiempo con Dios.

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