Aprender sobre la depresión posparto y los “baby blues” puede ser muy liberador para quienes, como yo, pasan días preguntándose si en serio fueron hechas para ser madres».

Cuando tuve a mi primer bebé en brazos, no imaginaba los momentos que me esperaban. En la primera noche en mi casa, me sentía diferente, a cada hora despertaba muy agitada, pensando si mi bebé estaba respirando. A la mañana siguiente tuve un ataque de pánico, empecé a vomitar y no sabía que estaba pasando.

Los días siguientes experimenté muchos cambios físicos y emocionales. Recuerdo que lloré mucho, extrañaba a mi mamá, me sentía sola y atrapada, no entendía lo que pasaba. Llegué a pensar que estaba enloqueciendo, porque cuando le daba pecho a mi hijo sentía una sensación de ahogo intenso. Fueron semanas de cambios fuertes, donde me inundaba el sentimiento de soledad, pese a estar acompañada de un esposo cariñoso y comprensivo que me echaba porras, que me decía ¡lo estás haciendo bien!   No dejaba de sentirme como la peor mamá del mundo.

Un día no aguanté más, llamé a una amiga a quien veía como una mamá, cuando me visitó me dijo: ¡todo lo que estás sintiendo es normal, súper normal. ¡Tu cuerpo está teniendo muchos cambios y tus hormonas están alocadas! Esa oración me llenó de esperanza, ánimo y fuerzas. Pero además de sus palabras, ella decidió acompañarme en mi proceso y su fortaleza me abrió los ojos y me dio tranquilidad.

Sin duda todos los casos son diferentes, pero aprender sobre la depresión posparto y los “baby blues” puede ser muy liberador para quienes, como yo, pasan días preguntándose si en serio fueron echas para ser madres. Comprender que hay ciertas semanas en las que cosas normales te harán sentir que estás loca, pero poco a poco saldrás de ese sentimiento. Justo cuando tu cuerpo se recupera de ese baño y des-baño de hormonas vuelves a la normalidad. No está mal llorar, ni sentirte desdichada y aunque la gente crea que eres malagradecida porque no te ve feliz, todo pasará.

Tengo que admitir que mi afán de ser una “mamá perfecta” y que mi bebé se nutriera solo con lactancia materna, sumó presión innecesaria en mi etapa de primeriza porque a pesar de mis intentos de “fluir natural”, no fui una mamá lechera y cuando escuchaba las historias de otras madres que sí lo lograban me llenaba de frustración y enojo.

Hoy, 13 años después, con un adolescente y otras dos niñas que también llegaron con su dosis de depresión mejor controlada, gracias a mis lecciones del primero. Aprendí a descansar, a quitarme la presión de la perfección, a pedir apoyo, a no estar sola y acompañarme siempre de personas que me amaban. Aunque no fue fácil, puedo decir que lo superé aferrándome a mi fe y tomándome de la mano de quienes me rodeaban. En especial a esa mujer que me ayudó en un momento oscuro, que no me condenó ni juzgó y que además no percibió mi proceso como poca cosa, sino que se puso en mi lugar y me hizo sentir acompañada. Gracias Beatriz de Rendón, fuiste un ángel para mí.

Alejandra Beckley de Putzu

Esposa realizada, mamá de Gianmarco, Ana Grazia y Alegría.
Fiel y apasionada seguidora de Jesús, Su gloria está en mi historia.

Alejandra Beckley de Putzu – who has written posts on Ladrona de frases.


¿Te gustó? Compártelo en tus redes