Es la familia la que debiera ser la promotora de salud mental de sus integrantes, en ella se adquieren los elementos esenciales para un óptimo desarrollo psicológico y emocional.

Ante el silencio que se guarda sobre las enfermedades de salud mental la información que tenemos al respecto es superficial, por eso es necesario que rompamos el silencio y aprendamos en qué consiste cada uno.

La depresión es un trastorno emocional caracterizado por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración.

La ansiedad es un sentimiento normal de temor ante situaciones amenazantes o difíciles, es un mecanismo adaptativo natural que nos permite ponernos en alerta ante diferentes sucesos. Por ser un mecanismo natural, la ansiedad moderada y controlada nos ayuda a tener precaución en situaciones peligrosas, a mantenernos concentrados y a afrontar diferentes retos. Sin embargo, cuando este sistema se altera y la ansiedad es desproporcionada puede llegar a paralizar provocando una sensación de indefensión, produciendo un deterioro en el funcionamiento psicosocial y fisiológico, cuando ésta interfiere con las actividades normales y se mantiene de manera indefinida es considerada como un trastorno.

Ambos trastornos empiezan a edades muy tempranas. Todo comienza en el momento de la formación, es decir, en la concepción de cada uno (incluso antes de ella) y se ve reforzada después del nacimiento, mayormente en los primeros cinco años. La próxima pregunta sería ¿dónde? En la familia, ahí se da la formación y las relaciones. Es la familia la que debiera ser la promotora de la salud mental ya que, a través de ella, el niño adquiere elementos esenciales para lograr un óptimo desarrollo psicológico y emocional, permitiéndole contar con herramientas para evitar alguna patología mental o adicción, sin embargo, cuando esta estructura no funciona como debería se originan muchas patologías y llegan a su punto de quiebre hasta que sobrepasan nuestras fuerzas y van más allá de lo que podemos controlar.

Por ejemplo, algo que se ha hecho común hoy en día son los divorcios y los estudios han evidenciado que este proceso lleva a los niños a tener alteraciones en el sueño, miedo al abandono, bajo rendimiento académico, un elevado estado de alerta, conductas agresivas y muchas veces no adaptativas, entre otras. Si esta sintomatología no se resuelve en la infancia, llega con más fuerza en la adolescencia y adultez.

Lo que trato de decir, es que muchas de las patologías o trastornos son una consecuencia de las heridas de nuestro pasado que aún están abiertas y que no hemos curado, posiblemente porque todavía duelen, porque nos acostumbramos a ellas y las hicimos parte de nuestras vidas o simplemente porque hemos decidido ignorarlas.

Es preciso comprender que nuestros padres también tuvieron y tienen heridas no resueltas, por ello en estas relaciones se muestra un alto nivel de conflicto, incluso es posible que ellos mismos padezcan un trastorno de personalidad no diagnosticado o vivan con alteraciones de su salud mental. El propio proceso de divorcio y sus consecuencias exponen a los niños a tensión crónica, abstracción o depresión de los padres y una disponibilidad limitada e intercambios agresivos, distorsión de la relación de exigencia paternas de lealtad y compañía.

Si te identificas con estas descripciones, puede que te preguntes ¿qué hago? Rompe el ciclo y busca ayuda para ti misma y luego para tus hijos, es común pensar que ellos necesitan ayuda de primera mano, sin embargo, no puedes dar lo que no tienes, si no restauras tu corazón primero es probable que no puedas ayudar a los tuyos. Si el ciclo se rompe o se interrumpe, evalúa el impacto a largo plazo en el desarrollo de la personalidad de tus hijos, así como en las ramificaciones que dichos rasgos patológicos llegan a tener hasta la vida adulta y el matrimonio. Solo comprende que nunca es demasiado tarde ¡estás a tiempo!

Paola Ramos Solares

Soy psicóloga clínica con una especialización en trauma, orientadora vocacional y laboral. Obtuve un diplomado en evaluación psicodiagnóstica. Hago evaluaciones psicopedagógicas a niños para distintos establecimientos. Imparto un programa de escuela para padres. Directora Salud Integran 360°

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