Si la depresión y la ansiedad fueran visibles como un tumor, quizás mi conducta sería diferente y apoyaría a quienes las padecen.

Mi mente es rápida para criticar, juzgar y condenar una actitud que desconozco, muchas veces por temor que me suceda a mí o por simple desconocimiento, pero también por una idea errónea que tengo sobre lo que sucede alrededor.

Me asustan las personas que no encajan con lo que considero “normal” o quienes no responden de la forma que tengo estructurada para ciertos momentos.

Veo que tengo un reto cuando identifico personas cercanas que tienen ansiedad o depresión, algo a lo que temo enfrentar debido al miedo formado en mi mente con estructuras de humo inexistentes. No puedo medir en un laboratorio cuánta ansiedad hay en una persona o cuán profunda es la depresión, pero veo también que no es fácilmente tratable y que a su paso deja piezas de corazones rotos difíciles de arreglar. Quizá si esto fuera igual de visible que un tumor mi conducta sería diferente y apoyaría más a las personas que viven esto.

Y más cerca de lo que creemos veo a una persona que la padece en cierto grado, que por evitar ser criticada oculta que está pasando sola el desierto. Me vuelvo parte del problema y no de la solución insistiendo en que las personas mejoren, que actúen “normal” o que avancen de una posición que les tocó ocupar sin su consentimiento, algunas veces depende de sustancias químicas del cerebro que no quieren funcionar y en otras depende de momentos que no se pudieron afrontar de manera adecuada, pero estoy segura que nadie desearía vivir en un mundo oscuro y frío, sin esperanza y con pensamientos negativos.

Estoy intentando entrar en un proceso de aceptación con deseo de comprensión y apoyo para las que viven ansiedad y depresión, mis manos pueden ser sanadoras, también las palabras que pronuncio de una forma adecuada, la forma en que miro a las personas e incluso los pequeños detalles que pueden ser un rayo de esperanza para ellas. En medio de este momento de lucidez encuentro que también podría ser motor de cambio si me analizo sin prejuicios, reconociendo que yo también presento alguna señal que me indique acudir con un psicólogo, que debo atreverme a hablar de ciertos temas sin encasillarlos en palabras grotescas y ofensivas como loco o locura.

Mi respuesta a ciertos eventos aún no es conocida pues no he pasado por ellos, no sé cómo mi mente decidirá enfrentar un diagnóstico complejo o la pérdida de un ser amado. Cuál será mi respuesta a un duelo o simplemente no cómo mi cerebro trabajará el día de mañana, en fin, mi futuro es incierto. Es por eso que mejor no te juzgo, no te maltrato ni te desprecio, al contrario, te acompaño en tu momento, pues no sé si yo seré luego la que necesite salir de ahí.

Marisol Bustamante

Mujer, feliz y dichosa de estar casada. Criadora de nuevas generaciones, acompañante de viajes en la aduana de este mundo para el otro, con una voz ruidosa y carcajada dolby surround 7.1, satisfecha de hacer mi función en el mundo.

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