
Los libros tienen la magia de llevarnos de viaje a museos increíbles y las obras arquitectónicas también nos remiten a libros que enriquecen el alma y el espíritu.
Quiero empezar contando que soy profesora de diseño arquitectónico, preocupada por incentivar la lectura de aquellos que la subestiman y creo que este artículo fue motivado, en gran parte por eso que disfruto tanto.
¡He tenido la dicha de conocer muchos lugares con una perspectiva un tanto diferente! Quiero resumir algunas experiencias que he vivido en viajes que han sido motivados por lecturas y lecturas que han sido motivadas por lugares a los que mis viajes me han llevado.
¿Alguna vez te has metido tanto en una lectura que anhelas llegar y comprobar por ti misma lo que el autor describe? Ese es uno de los encantos de la literatura que para mí ha sido importante en diferentes etapas, desde que inicié mis estudios de arquitectura hasta la fecha.
De hecho, algunos libros marcaron mi carrera, me ayudaron y motivaron a hacer viajes para ir a conocer obras que se mencionan en ellos, empezando por las clásicas hasta las más contemporáneas e incluso aquellas que fueron galardonadas por la cultura del concurso.
Puedo sintetizar estos cuatro:
– Los diez libros de la arquitectura, de Vitrubio
– Yes is More, de Bjarke Ingels Group
– Espacio, tiempo y arquitectura, de Sigfried Giedion
– El nuevo paradigma de la arquitectura, de Charles Jencks
Estas lecturas utilizan algunos ejemplos de arquitectura clásica, moderna y contemporánea para hacer ciertos análisis y críticas. Cuando los leí me llevaron a desear recorrer la Acrópolis de Atenas y el Partenón. Esta obra estuvo presente desde mi curso de Historia del Arte en el colegio, así que estar ahí fue un sueño hecho realidad.
Y mientras recorría esta icónica ciudad, tomé una fotografía panorámica que me llevó a encontrar el museo Acrópolis de Bernard Tschumi y sin haberlo planeado tuve que visitarlo. La necesidad de recuperar los alto relieves del friso del Partenón, que en aquel entonces se encontraban resguardados en Inglaterra, motivaron la construcción de dicho museo.
Las lecturas me llevan a Roma, a esas magníficas obras como el Panteón de Agripa, el coliseo, La fontana de Trevi –una de las mayores fuentes monumentales del barroco–, por supuesto la Piedad y los frescos de la Capilla Sixtina de Miguel Ángel.
Roma también motivaba a conocer la Capilla del Milenio por Richard Meier, quien dentro de la cultura del concurso gana la contienda y para el año 2003 construye la Iglesia del jubileo.
En ese afán de seguir leyendo me llevó a conocer más de lo contemporáneo, así llegué a París, donde era imprescindible visitar el Museo del Louvre para pararme frente a la intervención contemporánea, la famosa pirámide de vidrio de Ming Pei, fotografiada por todos los visitantes a su ingreso principal al museo.
Después mi destinto fue la Ciudad de Las Ciencias y de las Artes de Santiago Calatrava en Valencia, España. Los valencianos no terminan de aceptar el conjunto, posiblemente porque el autor se olvida del contexto y del origen de la ciudad.
https://www.cac.es/va/home.html
Dentro de ese ir y venir entre lecturas, escrituras y querer conocer más obras arquitectónicas, en el 2018 regreso a Roma con mi familia y amigos para visitar el Museo de las Artes del siglo XXI, obra magnífica contemporánea diseñada por Zaha Hadid. El edificio está ubicado de tal forma que no compite con el entorno inmediato.
Charles Jencks en su libro el Nuevo Paradigma de la Arquitectura Postmoderna, dedica uno de los capítulos del libro al museo judío de Berlín, creación del arquitecto también judío/alemán Daniel Liebeskind. Es tan impactante el relato de cómo y por qué fue concebido el proyecto, que deposita en mí ese anhelo de querer conocerlo y estando ahí pude ver que el edifico es una fuerte crítica a las masacres hechas durante el holocausto.
Luego, al salir del museo judío de Berlín y atravesarme la calle para tomar la fotografía con la famosa puerta de Brandemburgo, me encuentro con un monumento erigido en memoria de las víctimas del holocausto evocando un campo santo. Una vez más obra arquitectónica me lleva a otra, sin haber tenido conocimiento previo de la misma, recibo una nueva invitación para volver a la lectura.
Con nostalgia les podría seguir contando de muchas experiencias que me han dejado los viajes y la lectura. Creo fielmente que debemos aprovechar el tiempo para no dejar de aprender a través de la lectura y visitar lugares inesperados en los libros y también en la vida real.
Sabiamente decía mi papá “Viajar es vivir y eso nadie te lo quita”, así que cuando podamos retomar los viajes, no lo dudemos, siempre nos enseñan mucho. En estos párrafos me enfoqué en la arquitectura, pero las experiencias con la gente, lo que se come lo que se vive, eso no tiene precio y sería para otra columna.
Les dejo esta última reflexión que me encantó:
“Es el facilismo de los ignorantes que todavía creen que la arquitectura es un arte y que por lo tanto deben de tener simplemente oportunidad de acudir a los sentidos para hacer arquitectura. No se dan cuenta que es una actividad intelectual que requiere formación, y reflexión y para ambas la lectura es el punto de partida.”
Dr. Percy C. Acuña Vigil
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