
El dolor, las malas experiencias y los problemas no justifican lastimar, ofender e irrespetar.
Es hermoso contar con alguien desde la infancia, tener un confidente en el trabajo, saber a quien llamar cuando pasan cosas en la iglesia, tener con quien tocar temas de paternidad, reunirnos y disfrutar con grupo de amigos de la universidad, es reconfortante relacionarnos, sentir apoyo, vivir la amistad y construirnos como seres humanos.
Pero ¿qué hacer cuando esas relaciones en lugar de ayudarnos, escucharnos, intentar resolver conflictos y darnos alivio después de hablar nos dejan incómodos, tristes? ¿Qué hacer cuando después de hablar con mi amig@ siento un profundo vacío y me quedo insegura de mí y de quién soy? ¿Cómo saber si visitar a “ese familiar” que a la menor posibilidad me critica, me señala, me humilla, me juzga, me aparta?
Tenemos que tener claro que nuestro estado de ánimo no puede depender de una persona, porque si lo hace ya no es “nuestro” estado de ánimo, tenemos que vencer el juego relacional en donde “el otro”, con su actuar, provoca que yo cambie mi manera de sentirme y mi manera de sentir. Esas relaciones que no nos construyen, ni edifican esas justamente son las tóxicas.
Lo primero que debemos tener claro es que después de la ofensa, el insulto o la falta de respeto es ideal decidir que no imaginaremos las razones que justifique el actuar tóxico, por ejemplo, – Me dijo eso, porque estaba enojada, y es una persona que está sufriendo mucho, ha sido engañada, ella es buena, solo me dice eso porque está dolida”. Ojo, que el dolor, las malas experiencias y los problemas no tienen porqué justificar lastimar, ofender e irrespetar.
¿Ya identificas tus relaciones tóxicas? ¿Ya sabes quién o quiénes provocan malestar en ti? ¿Quién baja tu autoestima? ¿Quién pone en duda tus dones y virtudes? ¿Ya sabes quién o quienes nos te construyen? Tu tarea es no juzgarlas, rechazar eso que hacen en tu contra y sobre todo tu tarea es sanar en ti lo que te ha conectado con ellas.
Las relaciones sanas nos dan emociones y sentimientos que nos validan aunque no significa que aprueben todo lo que somos y/o hacemos. Te doy algunos ejemplos, para que los revises y te autoreconozcas.
Confianza: no estoy de acuerdo con lo que haces, pero sé que tú tomarás la mejor decisión, pues te conoces y sabes lo que necesitas.
Cooperación: déjame ayudarte a buscar ese apartamento que te dará privacidad.
Honestidad: creo que ese estilo de pantalón no favorece tu figura, el color es lindo, pero no me convence ¿cómo te sientes tú?
Seguridad: confía en lo que sientes, sigue y persigue tus sueños ¡son tuyos!
Aceptación: haces esto desde pequeña, te he visto crecer, personal, familiar y profesionalmente, esa es tu esencia y lo valoro no te sientas mal por ser tú.
Si tengo que decirte brevemente lo más importante de las relaciones tóxicas y de la actitud que sugiero, usaría este texto de Estevez que lo plantea –según mi punto de vista–, de una manera extraordinaria. Además te pido que por favor, sepas elegir tu veneno.
“Hay personas que son elixir, otras son veneno. Debes aprender a distinguir quien afligirá tu existencia -manchándote con sus toxinas- y quien con su aura, encenderá y enriquecerá tu alma.
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