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A través de lágrimas, frustración y mucho dolor comprendí que una relación tóxica es un círculo que se alimenta en dos direcciones.

Una relación tóxica no siempre se da con la pareja, también se presenta con aquellas personas que no viven en tu hogar, pero son parte de tu familia. Me casé muy jovencita – apenas tenía 19 años­–, como toda mujer enamorada, ilusionada, soñaba con integrarme a una familia y luego formar la mía. ¡Tenía todo el mundo por delante!

En mis tres años de noviazgo me incorporé a una familia que fue amable, atenta y muy fina conmigo. Sin embargo, en los primeros días de mi vida de casada tuve una visita de una persona a la que nombraré como Liz. Tocó mi puerta para hacerme saber que yo era una persona creída y orgullosa por las cosas materiales que tenía, que en realidad eran las casi las mismas que ella tenía en su hogar. No sabía que ese día también le había abierto la puerta a acciones que me dañarían por mucho tiempo. A pesar de que hubo tiempos de convivencia donde parecía que todo marchaba bien, cuando menos lo imaginaba regresan los tiempos donde la mala relación salía a flote.

Tratanto de llevar la fiesta en paz, yo dedicaba mucho tiempo y esfuerzo a quedar bien con ella. En los “buenos momentos” había una voz suave y dulce que se encargaba de que pensara y/o actuara como ella quería, de alguna manera Liz buscaba tener controlado el entorno y de cierto modo lo lograba, pero luego la relación se fraccionaba por pequeñas cosas que a mi parecer no tenían importancia ni relevancia, pero caía en el juego de regresar a esa tóxica relación familiar.

Me esforzaba muchísimo para no dañar a terceros, a pesar de mis intentos los involucraba en esa relación inestable que me hacía sufrir. En esta temporada nacieron mis tres hijos, a quienes amo con toda mi alma, entonces me empecé a cuestionar ¿qué pasaría si esto sucediera con mis hijos?, ¿qué haría en ese caso?, ¿me gustaría estar en una situación similar? Sin duda ¡no!

Finalmente llegué a un punto máximo donde tomé la decisión de salir de esa enfermiza relación, comprendí que una relación tóxica funciona cuando hay dos partes, así que si salgo la ecuación no subsiste. En otras palabras no me presto a escuchar intimidades del resto de la familia, entre menos sé, mejor. También practico amarme por encima de cualquiera, debo pensar en mi salud mental, física y emocional. Ya no intento agradar a nadie más, valoro a mi círculo familiar más cercano, los cuido y protejo de mis propias reacciones y las externas, propicio un ambiente agradable a través de nuestra convivencia. He soltado el pasado para que no interrumpa el presente. Le cerré la puerta a la discordia y al malestar familiar.

Debo decir que en todo este proceso he contado con el apoyo de mi esposo. Él quedó igual de impactado que yo desde que todo empezó, pero siempre me dio mi lugar. En el proceso optó por acompañarme y apoyar mis decisiones.

Aunque cada experiencia es distinta, creo que todas tienen en común las decisiones que tomamos en el proceso. Así que espero que mi experiencia ilustre que sí es posible salir de ese círculo tóxico que puede robarse los valiosos momentos en familia.

Aida de Arrecis

Hija, hermana, esposa, madre de dos varones y una niña. Mujer creyente, que ama y aprecia los momentos en familia. Que ha aprendido que debemos de cuidar nuestra salud mental sobre cualquier circunstancia.

Aida de Arrecis – who has written posts on Ladrona de frases.


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