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Una relación tóxica es aquella en la que toman más de ti de lo que en realidad te aportan.

¿Cuántas veces hemos definido la calidad de nuestra crianza midiendo si nuestros hijos son “suficientemente buenos, obedientes o tranquilos”?

La lista puede seguir y seguir, en realidad lo que hagamos cotidianamente con nuestros hijos no les obliga a pagarnos siendo “buenos”. En muchos casos esto nos lleva a terminar los días sintiéndonos abrumadas, frustradas o malas madres, porque a pesar de nuestros esfuerzos e intentos no logramos que ellos “completen” nuestras expectativas.

Los niños son niños, no podemos anular los retos que cada etapa del desarrollo trae consigo, por eso con todo el corazón te digo: haz las paces con eso de una vez por todas. ¡Por supuesto! Mientras más y mejores herramientas para ayudarles a transitarlos tengamos, mucho más fácil será el camino para ellos y para nosotras.

Los retos en la crianza nos llevan a temas vitales en las relaciones humanas: la comunicación y conectividad con el corazón de nuestros hijos. El trato diario y la manera en que resolvamos los conflictos determina en gran manera la forma en que nuestros hijos puedan establecer relaciones poco saludables con otras personas, amigos, compañeros de colegio incluso con otros adultos.

Cuando hablamos de relaciones tóxicas con facilidad podemos encontrar a alguna amiga, familiar o conocido que ha tenido por lo menos alguna relación tóxica en su vida. Con fines aclaratorios llamaremos a una relación tóxica a todas aquellas que dicho en pocas palabras, toman más de ti de lo que en realidad te aportan.

No nos gusta pensar que nuestros pequeños puedan verse en una situación de este tipo, pero en realidad es más frecuente de lo que imaginamos. Observa el impacto que lo que hacemos tiene en ellos y las relaciones que posteriormente desarrollarán:

Amenazas: si no terminas eso, entonces no te daré la Tablet, Si no te acabas el almuerzo, entonces no hay postre. En la medida que crecen también subimos el nivel de las amenazas y con ellas terminamos más molestas que al principio porque tenemos que asegurarnos de que sientan tanto miedo de que cumplamos que accedan a la orden que dimos. Lo que en realidad sienten:

– No son suficientemente buenos para complacerte y entonces se dan por vencidos. En realidad aunque parezcan retadores, muchas veces detrás de ese enojo hay tristeza.

– Tienen que esforzarse con todas sus fuerzas para ser lo que tú deseas y hacerlo a costa de lo que sea.

Premios: al igual que las amenazas crecen junto con nuestros hijos, pero ellos aprenden que solo si son “buenos” son “merecedores”. Si escaneamos las relaciones tóxicas es justo lo que encontramos, a uno de los dos queriendo complacer en todo al que exige y sintiendo que, si no lo hace, entonces no merecerá su afecto. Es difícil creer que ofrecer un inocente helado como premio pueda hacer esto, pero es el mismo principio, piénsalo un poco y lo verás.

Estas herramientas pueden darte pequeños pasos para nutrir una mejor comunicación y evitar que se enganchen en relaciones tóxicas.

Valida. Todo lo que tus hijos sienten es importante (aunque no te lo parezca a ti).

Verifica. Deja de asumir, tómate un momento para conversar con tus hijos y pregúntales su versión de las cosas y a partir de ahí genera oportunidades, ofrece la posibilidad de que sean tus hijos quienes den soluciones relacionadas con los retos o situaciones eso los capacita y fortalece.

Confía. La crianza respetuosa se construye un día a la vez. Confía en su capacidad de tus hijos de aprender de ti.

Duda menos de tu capacidad, si es necesario aprende todo aquello que te provea herramientas que te ayuden a fortalecer el crecimiento de la parte más valiosa de tu hogar: tus hijos.

Nissely Herrera

Mamá de 3. Psicóloga, experta en disciplina positiva. https://www.facebook.com/viviendoendisciplinapositiva/

Nissely Herrera – who has written posts on Ladrona de frases.


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