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Un escueto “unfollow” deja atrás risas, anécdotas, momentos y viajes. Pero también libera de malas miradas, malas vibras, malas amistades e inician nuevos comienzos.

Todas hemos estado en esa situación en la que una amiga nos desprecia y nos hace sentir que no nos quiere. Todas nos hemos sentido víctimas de cambios y de ciclos en los que sabemos que hay que dejar ir a alguien.

Es tan fácil que una amistad se rompa en estos tiempos porque todo es tan insustancial, tan frío. Las personas cambian; una cambia. De pronto las palabras sobran y los adioses se convierten en simples borrones de redes sociales. Un escueto “unfollow” deja atrás risas, anécdotas, momentos y viajes. Pero también libera de malas miradas, malas vibras y posibles palabras de más.

A veces borrar es la parte más fácil porque las situaciones que duelen no se borran adentro tan fácilmente. Cuando alguien duele simplemente sigue doliendo. Pero yo siempre he creído en el poder de los nuevos comienzos, ya que a veces dejar ir es la mejor manera de querernos.

Hace unos días, mientras le pegaba a la pelota en la cancha de tenis y repetía y repetía para que se me quedara la técnica, me acordé de aquellas tardes eternas en las que también repetía las tablas de multiplicar con mis padres. ¿Qué es la vida sino repetir? Repetir hasta perfeccionar, repetir algo de lo que no se tiene ningún conocimiento. Repetir sin aptitud alguna, pero repetir.

Nadie llega hasta donde está si no es por la repetición. Por ello, en esos segundos en los que la pelota rebotaba del otro lado de la red, me acordé de mi misma y entendí que soy la suma de muchas repeticiones y de muchos comienzos.

De las repeticiones porque hay muchísimas cosas que no sé hacer o que no supe hacer en un momento determinado, sin embargo, las hice. Como cuando iba a ballet y la profesora le dijo a mi madre que no tenía las habilidades. ¿Qué saben los otros de tus habilidades? ¿Qué saben ellos de lo que tú guardas en tu cabeza y de tu forma de aprender? Pero repetí todos los días, hasta que aprendí, pasé de nivel y mejoré.

Como dije, también soy la suma de muchos comienzos porque hay personas que me han odiado, amigas que han resultado no serlo, familiares para los que nunca he existido o gente que simplemente se ha acercado a quemar y no la he dejado. Todos somos, de alguna forma, fruto del amor y del desamor porque sin este último no conoceríamos lo que nos hace bien.

Por eso agradezco a toda esa gente que no me ha querido o que no ha querido quererme, como bien dice la canción, porque gracias a ellos soy más fuerte. Gracias a esas “amigas” que solo fingieron y que llegado el momento me soltaron la mano ante un precipicio. Las que se burlaron a mis espaldas o las que encontraron en mí todos los defectos y nunca una virtud. A ellas les digo gracias porque me enseñaron a no necesitarlas. Me enseñaron a que a estas alturas de la vida mi personalidad no es un tema para discutir. Me enseñaron que yo soy esa que repite y repite hasta que lo logra, pero si eso les causa envidia, las invito entonces a repetir.

Gabriela Grajeda Arévalo

Periodista, mamá, emprendedora, apasionada por los libros y las historias de amor.

Gabriela Grajeda Arévalo – who has written posts on Ladrona de frases.


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