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No tengo nada en contra de las mamás perfectas de las redes sociales, solo que a estas alturas del partido me cuesta identificarme con la perfección por que fui formada por una madre de la vida real.

La cuarentena ha sido como un reflector que sigue de cerca el gran trabajo que las madres hacen siempre, pero ahora en estado de confinamiento ha quedado más evidente que nunca.

Ellas siempre han estado pendientes de las tareas: de conseguir la cartulina y la témpera para la decoración de todo el sistema planetario, han estado ahí para alquilar, coser o improvisar el traje para la presentación de servidores públicos de sus hijos, además se encargan de hacer súper, comprar las verduras y vegetales hasta los accesorios para decorar las galletas… Siempre han sabido dónde comprar al mejor precio.

Además han tenido tiempo para enseñar a sus auxiliares de casa para que todo esté en su lugar y a tiempo mientras ellas llevan a los chicos a las clases de karate y a las chicas a las clases de fut y ballet. Hacen tiempo para estar en su cuchubal, cuidar sus suculentas y descargar apps de ejercicios, tutoriales de maquillaje y aprender los pasos de Tik Tok.

En este proceso y ante la mirada de todos parece que su trabajo sobresale. Es cierto, hasta la llegada del coronavirus tenía unas horas para ir y venir, trabajar fuera de casa y ahora ese tiempo está enfocado en las plataformas digitales: las reuniones de zoom del esposo, de los hijos universitarios y de los chicos que ahora también celebran piñatas detrás de las pantallas y nadie se puede excusar, sin descuidar sus propias responsabilidades de la oficina

Gracias a las madres por ser el imán del hogar… Estamos en pleno proceso histórico, debemos ser conscientes que somos sobrevivientes a una pandemia – la última fue hace 100 años-. Cuéntales a tus hijos un poco de lo que pasa afuera para que hagan sus propias memorias, procura que ellos procesen sus emociones a su tiempo y por favor, no luzcas inmune emocionalmente. No hay un manual que diga qué sentir en tiempo.

Mujer de la vida real

No tengo nada en contra de las mujeres hábiles que muestran sus mejores momentos en redes sociales: rutinas de ejercicios, cuerpos perfectos, casa inmaculadas, maquillaje y pelo envidiable… No tengo envidia, solo que a estas alturas del partido me cuesta identificarme con la perfección, a lo mejor porque fui formada por una madre de la vida real.

Ella se casó muy joven, apenas 24 días después de cumplir 20 se estrenó como madre. Así que soy su experimento más ambicioso. Cuando mi hermana llegó -casi 4 años después-  ya había adquirido algo de experiencia.

A pesar de las limitaciones, siempre tuvo la audacia para improvisar y contribuir en el hogar para sacarnos adelante. Nunca la vimos recibir cursos en línea o ver tutoriales para aprender a coser nuestra ropa, cortarnos el pelo, hacer longanizas e improvisar tortas de queso…

Crecí en un hogar con una guerrera y su mayor lección me la dio cuando decidí aventurarme a vivir fuera de casa para continuar mis estudios y después para viajar, ella siempre creyó en mis sueños, me hizo sentir que yo podía.

Su fuerza me enseñó a secarme las lágrimas, a disimular el miedo y tragarme los episodios amargos. Me hubiera gustado muchísimo que compartiera más sus emociones, pero la entiendo, era la mayor de 4 hermanos, creció sin su padre y muy joven perdió a su madre. Vivió lejos de su círculo familiar, digamos que estuvo sola y así desarrolló sus mecanismos para ser una madre tiempo completo. Sobrevivió al terremoto del 76 y al alcohol que interrumpía nuestros fines de semana.

Soy afortunada que ella pueda leer este agradecimiento por su formación, por su legado intangible e inmenso que me acompaña en esta cuarentena cuando improviso en el encierro, cuando quiero llenar a mi familia de antojitos dulces como ella lo hace con su mole, cuando veo mi máquina de coser, cuando extraño ir al mercado para comprar frutas y verduras frescas, cuando me distraigo para no asumir mi nostalgia y la falta que me hacen sus abrazos.

Mi mamá me puso la medida muy alta… qué bueno porque eso me ayuda a no conformarme con el estándar… Gracias madre linda por ser una mujer de la vida real, que me enseñó a vivir intensamente. La amo, espero verla, abrazarla y besarla pronto.

Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre. Robadora de frases. En proceso de construcción. Amante de los viajes, buenos libros y museos.

Marly Leonzo – who has written posts on Ladrona de frases.


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