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Perder al amor de mi vida

Perder al amor de mi vida

Perder al amor de tu vida, ese ser humano que vivió para llenarte de detalles, conquistarte con su generosidad y buen humor, es un golpe que se asimila solo de la mano de Dios.

Conocí al amor de mi vida cuando apenas tenía 17 años. Él tenía una farmacia y mi mamá era su clienta y pronto se convirtió en nuestra cupido. Debo decir que al principio él no era de mi agrado, pero luego fui notando algunas características que no veía en personas de mi edad y sin darme cuenta me enamoré.

Fuimos novios 1 año y 8 meses hasta que decidimos casarnos y sin duda fue la mejor decisión que tomamos, pues a su lado tuve una vida plena y llena de amor, aunque siempre hubo altas y bajas como en cualquier matrimonio, vivimos muchas “pato aventuras” como las llamamos.

Él fue una persona que transformó mi vida. Para empezar, me presentó al Señor Jesucristo que fue un pilar en nuestra vida matrimonial. Cuando decidimos decirle que sí a Dios por completo, empezamos a tener un matrimonio restaurado y puedo decir que ahí Dios me regaló a un esposo nuevo. Mi “gordís” hacía la broma que se había casado dos veces y en esta nueva etapa el Señor me regaló 15 años de un amor de película y no me refiero a que haya sido perfecto, sino correcto.

En el 2019 Dios me tenía preparado un regalo, como que me estaba preparando para llenar mi corazón con una segunda luna de miel. Viajamos a Washington, a las ciudades de Laurel y Alexandria y los mejores escenarios para recorrer tomados de la mano.

Sin embargo, faltaba un sueño más por cumplir y ese no era mío, sino el de mi gordis, quien soñó con tener una clínica en zona 15 para poder brindar salud a personas necesitadas, no solo físicamente sino también espiritualmente.  Y a principios de 2020 Dios lo cumplió y pudimos aperturar la clínica y aunque solo funcionó por 5 meses, por fe sé que fue un instrumentos de Dios para sanar el alma de muchas personas.

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Luego llegó la pandemia y junto con ella el proceso más duro que he vivido. En mayo, llegamos de emergencia a un hospital temporal exclusivo para pacientes con casos con Covid. Mi esposo llegó muy mal y de emergencia fue trasladado al área del intensivo. Yo estaba del otro lado con el corazón en la mano y la garganta hecha un nudo, pero siempre creyendo en el Señor. Llegamos los tres y regresamos a casa solo mi hija y yo. Mientras estuvimos hospitalizados, muchas personas nos apoyaron económica y espiritualmente. Dios puso a muchas personas a orar por él y pudimos sentir el amor de Dios en el proceso.

Lejos estaba de mi pensamiento la noticia que vendría ese viernes en la madrugada, cuando me dijeron que él ya no estaba en esta tierra, el amor de mi vida había emprendido el viaje a conocer al Padre, a encontrar todas aquellas respuestas que tanto anheló. Recuerdo que siempre decía que si un día fallecía en su lápida debía decir: aquí yace un hombre que hasta el último día creyó en Dios. Y así es como dice…  

No ha sido fácil empezar a vivir sin él, pero puedo decir que solo Dios alivia el dolor y el vacío que se siente. Aunque ha paso más de un año, sigo viviendo un día a la vez y diariamente renuevo mi decisión de no preguntar porqué ni pelear con la voluntad de Dios. Más bien la he aceptado porque sé que Su voluntad es buena agradable y perfecta.

Si no conociera quién es mi Papá celestial, mi Protector, mi Proveedor, quien cuida de mi hija y de mí, si no creyera que Jesús murió y resucitó por mí en esa cruz, no sabría cómo vivir este proceso. He aprendido a caminar sabiendo que Dios es soberano y ante la plena confianza que mi amado está con Él.

Me queda seguir caminando, dándole gracias a Dios por tantas personas que fueron ángeles que mandó para ayudar a “Los Reyes”, con sus llamadas, su ayuda económica y sus oraciones. Cada acción nos ha hecho sentir el amor y bondad de nuestro Señor Jesucristo.

Amada lectora a ti que me lees te digo, busca el propósito y aférrate a él, sin duda cada proceso de duelo es distinto, no es fácil perder a la otra mitad de ti, pero de la mano de Dios la herida va sanando y lentamente Él llena ese vacío tan grande que queda.

Jorge Reyes (Jorgito de cariño para muchos) fue el amor de mi vida, a quien sigo amando hasta el día que pueda reunirme con él en el cielo.  #TAPS #VSJFYMD (esto no se cumplió).

Tengo 46 años y siempre me dediqué a ser asistente de mi esposo. Actualmente estoy graduada y acreditada como Quiropráctica. Soy una persona alegre y plena, que siempre ha visto la mano de Dios, Su bondad y amor. Sé que las batallas llegan para que podamos aprender algo nuevo, puedo decir que he sido resiliente y capaz de sobrellevar cualquier carga y lucha.

Silvia Castillo de Reyes – who has written posts on Ladrona de frases.


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