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Atravesar el duelo, el luto y la pérdida

Atravesar el duelo, el luto y la pérdida

Después de que perder a mi hija en un accidente y buscar ayuda aprendí la importancia de abordar adecuadamente el duelo, el luto y la pérdida de un ser amado.

Es importante entender las diferencias que hay entre duelo, luto y pérdida para saber cómo atravesarlos. El duelo es la respuesta emocional de una persona ante la experiencia de una pérdida. El luto es el proceso de adaptarse a la vida después de una pérdida. Se ve influenciado por la sociedad, la cultura y la religión que la persona profesa.

Lamentablemente, la sociedad en general carece de herramientas para pasar tanto por el luto, la pérdida y el duelo. Así, en general no sabemos cómo ayudar a los dolientes, nadie sabe qué decir o cómo demostrar nuestro apoyo a esa persona que pasa por ellos.

Hace 12 años perdí a mi pequeña hija Paula Andrea en una accidente, ella apenas tenía 6 años, era una niña muy especial que amaba a Dios a su corta edad. Cuando falleció no creíamos lo que había pasado, experimentamos tanto dolor como familia, nos sentíamos devastados. Mi  otra hija sufría pensando que ella había tenido la culpa, mi esposo se enojó con todo el mundo, yo me sentía vacía y quería morirme.

Todo fue un cúmulo de emociones que nos hizo sentir de diferentes maneras en un lapso corto de tiempo, sentíamos mucho dolor, enojo, desanimo, tristeza, perdimos el apetito, no podíamos dormir, llorábamos cada uno en su lugar, perdimos la buena comunicación que teníamos en el hogar. Nos llevó alrededor de 4 años poder retomar de nuevo el camino y tuvimos que enfrentar cada uno en lo individual un proceso de recuperación.

El duelo es un proceso es único y personal, no podemos comparar el duelo que enfrentan los otros hijos al de un padre o al de un abuelo. Un duelo puede ser inesperado o puede ser anunciado, lo cierto es que no hay un tiempo escrito para superarlo y es inevitable pasar por las fases que marcan el recorrido.

EL SHOCK: negación, parálisis, incredulidad y confusión. Algunos experimentan esta etapa desmayándose, gritando, llorando y otros no pueden hacerlo, están enojados y pierden el sentido de las cosas, aquí muchas veces todo se hace en automático. En nuestro caso no creíamos que ella una niña de 6 años estaba muerta y que nos sucediera a nosotros, eso fue desconcertante.

EL ENOJO: aquí manejamos muchas emociones como la rebeldía, ira, principalmente con el causante de la pérdida (o a quien se la atribuimos). En nuestra experiencia nos enojamos con Dios, le reclamaba porque se había llevado a esa niñita tan dulce, reclamaba por qué no había muerto yo en lugar de ella.

LA CULPA: es la más complicada porque no roba la paz en el interior y provoca muchas dudas. La culpa endurece el corazón y no permite que haya razonamiento, al contrario se concentra en buscar culpables. En nuestra pérdida mi esposo me culpaba, yo lo culpaba a él, nuestra hija se sentía culpable, era un remolino de emociones donde todos culpaban a otros.

LA TRISTEZA: desolación, impotencia, nostalgia, tribulación, es la emoción más larga de superar, impide ver la luz o encontrar esperanza. Con frecuencia produce que la persona quiera morir, así que nubla pensar en los demás. Ojo, la tristeza es capaz de propiciar que se caiga en depresión. En mi familia la tristeza se vio reflejada a través de un silencio total en casa, desde que nos levantábamos hasta que volvíamos a dormir no sonreíamos y si lo hacíamos nos sentíamos mal, nuestra pena y dolor fueron más allá y por mucho nos impidió ver que todos sufríamos y que además nos necesitábamos.

ACEPTACIÓN: este proceso no es más que aceptar la realidad, es entender que nuestro ser amado ya no está y aceptar que murió. Sí, es duro, pero se hace necesario llegar a ser racionales y aceptar que no soy Dios y no tengo el control de la vida de los demás, que Él tiene un plan y un propósito, le tenemos que pedir que nos muestre por qué suceden las coas.

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Perdí a mi hija y después de vivir cada etapa pude concluir que la vida es como es. Lamentablemente no tenemos el control de ella, ese control solo lo tiene Dios. Lo que sí podemos controlar es la manera en cómo enfrentamos el proceso para salir adelante sin nuestro ser amado.

Con propiedad te puedo decir que sin importar en qué etapa te encuentres es necesario que busques ayuda, no enfrentes el duelo sola, pide ayuda para que el proceso no se estanque ni se prolongue eternamente.

Soy una hija amada de Dios. Casada y con 2 bellas hijas. Una de ellas goza ya de la presencia de Dios y la otra tiene 27 años, es una gran profesional y ser humano increíble. Mi proceso de duelo me permitió formarme para ayudar a otros en este recorrido y lo hago a través del Grupo Carol que tiene como visión apoyar a las personas que están en duelo por la muerte de una persona a la que aman.

Leticia Figueroa – who has written posts on Ladrona de frases.


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