Despertar un día, sin la persona con la que compartiste más de 20 años de tu vida, no es fácil y menos aún cuando sabes que no volverás a verla.

Así fue mi despertar el 8 de julio de 2017, reconociendo que Mario ya no estaría a mi lado y tampoco en el de nuestra hija. Seria una total mentira decir que eso sucede solo un día después de que se van los seres que amamos, la realidad es que desde esa fecha y hasta ahora no ha sido fácil, porque siempre queda el deseo de seguir, de pensar qué sería si ese ser siguiera contigo. Yo digo que una aprende a vivir con esos dolores, y como bien dicen, la vida sigue y una con ella, a pesar de todo el abandono que como pareja, en mi caso, puedas sentir.

Otro de los sentimientos que tengo constantemente, es de incredulidad, según las y los tanatólogos/as es parte del duelo, la llaman negación. En mi caso creo que nunca negué que mi esposo murió, más bien creo que son las ganas de seguirlo teniendo en mi día a día, lo que ocurre muy a menudo, y ocasiona que no pueda creer que ya no estará, sobre todo cuando la persona que falta era un ser divertido, inteligente, sensible y te quería tanto.

Ha pasado un año de su muerte y no pasan muchos días sin que me descubra hablando con él, a veces preguntándole cómo arreglar tal o cual situación, otras pidiéndole que me dé inteligencia para poder educar a nuestra hija, pero otras, porqué no decirlo, reclamando su ausencia, y cuando sucede el reclamo es cuando más me percibo temerosa, más aún con un gran miedo a que pase algo y no sepa qué hacer, y luego pasan los días y otros más y sigo despertando sin él y extrañándolo siempre, pero también recordándolo como aquel ser capaz de gozar la vida intensamente.

Y es que, con todo y sus tristezas, dolores y malos momentos, la vida tiene muchos colores y matices, muchos de ellos hermosos, llenos de alegrías y satisfacciones, y justo esos hay que aprovecharlos para continuar nuestro camino. A mí por ejemplo la vida me ha llenado de amor con mi familia, con mis amigos y amigas y por supuesto el de mi hija

La vida se comparte de muchas maneras, y aún sin su presencia física sigo compartiendo la vida con él y también con la gente que amo. No hay recetas, no hay pasos definidos para que la pérdida de un ser amado deje de doler, creo que cada quien a su paso hará lo que deba hacer para saber cómo continuar el camino de la vida, porque de eso sí estoy segura, todos los días amanece y nos da la posibilidad de vivirlo. Mis deseos siempre van encaminados a que esa elección se incline hacia donde más nos llene la vida de paz y amor.

Ingrid Alcalá

Feminista por convicción, apasionada de la música, la pintura y la danza. Adicta al cine y la historia. Madre de Sarah Paula, adolescente de 14 años. Estudié comunicación social y en todo momento de mi vida laboral la aplico. Convencida de que todo ser humano tiene mucho que aportar.

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