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“Otro año ya se ha ido, cuántas cosas han pasado, algo hemos aprendido y algo hemos olvidado, pero dentro, aquí en mi alma nada, nada ha cambiado…” Se vale robarle la inspiración al Buki y terminar este año con profundo suspiro.

Es un hecho que cada año perdemos y ganamos, aunque debido a nuestro chip de la autocrítica, hay una inclinación a ver más lo que perdemos que opaca nuestros logros.

El famoso Bill Gates, dice que “está bien celebrar el éxito, pero es más importante prestar atención a las lecciones del fracaso”, eso me dice que perder no siempre es malo. Por ejemplo, empezar un proyecto que no funcionó te deja la lección de haberte animado y en el segundo intento, seguro serás más efectiva; si este año firmaste el divorcio, entonces ya estás lista para seguir la vida con una nueva perspectiva; si este año el nido se quedó vacío es porque ya hiciste una gran tarea como madre; si probaste de todo para hacer que la relación funcione y las cosas no mejoraron, te puedes despedir tranquila, sin cargos de conciencia; si no lograste realizar el viaje soñado, es tiempo de acortar gastos para que llegue pronto… Puede que mi visión sea demasiado optimista, pero creo si nos detenemos a compadecernos, deprimirnos o somatarnos el pecho, solo desperdiciamos tiempo y no propiciamos que las cosas cambien.

Evaluar los daños es algo importante, nos ayuda a no tropezar con la misma piedra. Ya lo decía Marilyn Monroe, “solo porque hayas fracasado una vez no significa que vayas a fracasar en todo”. Así que prepárate para sacudir el polvo de los pies y ponerte en marcha para soñar y planear un nuevo año. Examina tu bucket list y extrae de ahí aquello que te ilusionaba a los quinces, a los veintes o a los cuarentas… ¿Quién dice que ya pasó el momento? Nada, absolutamente nada está escrito hasta que tú decidas. Empieza a escribir tu nueva lista con aquellos verbos que hagan atractiva y emocionante tu vida: estudiar, viajar, emprender, renunciar, amar, cerrar círculos, leer, regresar…

Pienso que el secreto está en desarrollar aquello que más active nuestras hormonas de la felicidad, comúnmente conocidas como endorfina, dopamina y serotonina, porque con ellas funcionando somos invencibles, capaces de derribar las excusas y sacar tiempo de donde sea. Por eso la lista de propósitos de nuevo año tiene que contener «solo» aquello que encienda la chispa de la pasión, pero que esté alejada de toda competencia con alguien más o que intente complacer a otros. Tómate tiempo para pulir tu nueva lista y déjate llevar por tu esencia. Qué te parece si le cortamos los cables a la autocrítica, que no solo nos tortura a nosotras, también daña los sentimientos de las personas que nos rodean, pongámonos misericordiosas y celebremos sus logros.

Confieso que mi lista no avanzó mucho, pero lo alcanzado supera lo inconcluso. Cierro mi año dándote gracias por que si estás leyendo esto formas parte de mis triunfos de 2018, y lo que era solo una línea en un papel, ahora es una ventana que nos permite compartir con muchas personas. ¡Gracias por ser parte de mis metas cumplidas!

¿Le entramos con ganas al 2019?

Marly Leonzo

Mujer, esposa y madre.
Robadora de frases.
En proceso de construcción.
Amante de los viajes, buenos libros y museos.

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