La menopausia me llegó a los 39 y con ella aprendí que solo hay dos caminos: no vivir al tope cada día o seguir adelante.

Si me preguntan, tengo la fecha exacta de mi menarquia, pero no tengo claro en qué momento la menopausia llegó a mí. La esperaba, eso sí, por dos razones: porque mis periodos eran intensos y largos (me venía tres días abundantes, se me iba uno y regresaba otros cuatro) y porque tras una histerectomía y luego la extirpación en diferentes operaciones de cada uno de los ovarios, lo siguiente era la llegada de la tan temida menopausia.

Y aunque mi ginecólogo ya me había preparado para ese momento, como suele pasar – nada es como te lo cuentan hasta que te toca vivirlo-. Tengo que decirles que el día uno, cuando ya no tuve período fui totalmente feliz, adiós a los cólicos, los calambres y cualquier malestar de los que todas hemos sufrido, algunas más, algunas menos.

Alguien me preguntó sino me había deprimido al no tener mi útero, me dijo que muchas mujeres sí sufrían por eso. Afortunadamente, no tuve ese padecimiento.

Me enfoqué más en el bienestar que llegó a mi vida. Claro, no todo fue color de rosa, sobre todo cuando empezaron los dichos calores, esos que te hacen sentirte incómoda, porque aunque esté lloviendo o el frío se apoderó del país, tú sientes de repente un calor sofocante que va desde el pecho hasta la cabeza, sudas, sudas y sudas. Si no eres de las que llora ni con el mejor de los dramas, de repente notas una lágrima que no esperabas y qué decir de las noches de calor, todos duermen mientras tú luchas contra ese calor. Afortunadamente existen diferentes métodos para aliviar ese tormentoso padecimiento.

De esos momentos, que para mí fueron los que me anunciaron que la menopausia se había instalado ya han pasado nueve años y a mis 48, les puedo asegurar que estoy bien, con más canas que muchas de mis amigas (nada que un tinte no oculte), con más achaques que la mayoría, me duele de repente una rodilla, otro la cabeza, pero es solo eso, todo se trata de cómo se enfrenta la vida. Tienes dos caminos afrontar lo que viene y seguir adelante o detenerte y no vivir al tope cada día.

Para mí, la menopausia no fue algo que me desequilibrara o que me generara ansiedad o estrés, tal vez porque estaba más pendiente de la llegada de las cuatro décadas y ahora que ya lo experimenté solo puedo decir que es como las otras etapas:  niñez, adolescencia, edad adulta. Con sus altas y bajas, pero es una etapa más en la vida.

Así que las invito a informarse, a visitar a su médico, a realizarse los exámenes necesarios y escuchar los diferente métodos que puedan ofrecerles para que cuando el momento llegue, ya estén preparadas y puedan disfrutar de otra etapa más en sus vidas. Agradézcanle a sus cuerpos.

Sara Bran Morataya

Hija, madre, amiga, profesional. Me gusta escuchar a las personas, me hacen feliz las cosas sencillas: un buen libro, una plática con una amiga, una visita inesperada. Soy un ser libre, voy por la vida tratando de ser mejor persona cada día.

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