
Sobreviví al Covid-19 y ahora mi vida y mi salud tienen otro sentido.
Toda mi vida he vivido en una lucha constante con el peso. De niña fui sumamente delgada, lo que escuchaba eran frases de preocupación que me motivaban a comer más. En la adolescencia todo se revirtió, el peso y el físico empezaron a ejercer una fuerza contra mí misma porque debía cumplir con el estereotipo de ser delgada, que omitía el concepto de “ser saludable”.
Fue así como me embarqué en la búsqueda de métodos que me llevaron a bajar excesivamente de peso ¡Me sentí bien de volver a ser flaca! Sin embargo, con la llegada de los niños y la edad todo cambió. Por más dietas, régimen o abstinencia que hiciera ¡no lograba bajar! El objetivo de perder peso se quedaba para inicios de año, una y otra vez fue una meta sin éxito.
En el 2020, muchas circunstancias me llevaron a modificar la meta. Por primera vez mi objetivo fue la salud, aunque en ese momento parecía una broma.
A mediados del 2020, tras sufrir de COVID-19 -de manera leve, a Dios gracias-, medité detenidamente por qué me había pasado esto si desde el primer día fui muy cuidadosa y precavida. No salía de casa más que para hacer compras de supermercado y en horarios de poca afluencia. Busqué la respuesta hasta que esa voz que nos dicta hacia dónde dirigirnos me llevó a la conclusión que Dios en su infinita misericordia y amor me había dado otra oportunidad de vida, un nuevo comienzo. Y aquí estoy, dejé la lucha contra el peso y puse mi mirada en estar sana para mis hijos, mi esposo y para mí misma. Ahora comprendo la gran diferencia entre ser “fit” y “estar saludable”.
Nos llenan los ojos y la mente con anuncios de alimentos que realmente no tienen nada de saludable, en su mayoría, alimentos procesados, cargados de químicos y nutrientes bajos que solamente llenan, no nutren. En este proceso descubrí que ser fit no implica ser delgada, sino estar en forma, moldear tu cuerpo de una manera sana y eso tampoco es un signo de que tu cuerpo esté sano por dentro.
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En el proceso de sobrevivir al Covid-19 recibí un correo con una propuesta de bajar de peso, un reto de esos de moda que todas queremos ganar y no dejé pasar la oportunidad. Me inscribí y empecé a moverme en la caminadora que había comprado a inicios de año y que no había estrenado. Con la fuerza de quien recibe una segunda oportunidad empecé llena de ánimo con el firme propósito de cambiar de vida.
El reto me llevó a modificar mis hábitos en un 95%. Parecía sacado de esas historias de venta de productos, pero sí, me animé y con la ayuda del Espíritu Santo me enfoqué en un día a la vez, sin prisas, más bien con la convicción de sentirme bien y fue así como se quedaron atrás los dolores, mis niveles de azúcar y presión arterial alcanzaron niveles “normales”.
Han pasado apenas 7 meses y en mis oraciones sigo pidiendo fuerza para no desmayar en este proceso. Para mí el peso solo es un número porque el resultado más valioso es que estoy mucho más activa para mis actividades cotidianas, mi ropa me queda mucho mejor, he contagiado a mi familia, mi salud en general está mejorando ¡me siento bien conmigo misma, me siento saludable!
¿Qué te motiva a poner en tus metas bajar de peso? Piensa, analiza y ve más allá. Enfócate en tu familia, en tener una vida alejada de enfermedades, en ti misma y no en lo que la sociedad te vende. ¡Ánimo, este 2021 puede ser el año de recuperar tu salud!
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