Sé que el amor se manifiesta de muchas maneras, yo lo encontré sirviendo a otras personas a través de la empatía, practicar la misericordia y dejar salir la compasión depositada en mi corazón».

Hubo un momento en mi vida en el que tuve que replantear mis prioridades porque debía enfocarme, así que opté por dejar de trabajar en misiones y obras sociales que en ese período me absorbían mucho. Mi decisión me llevó a dimensionar el amor y pasión que siento por servir. Durante dos años, me di cuenta del vacío que había en mí, así que retomé mis prioridades, dejé mi carrera y junto a otras personas fundé Inspira Guate, una organización no lucrativa que beneficia a miles de niños en Guatemala, mejorando su estado nutricional.

Nunca he visto mi trabajo como algo “bueno”, sino como algo que me corresponde, digamos que es un paquete con el que nací y que se enriquece cada vez más. En este recorrido he conocido personas maravillosas, una de ellas es Greg Walton, un sudafricano que tiene 20 años de vivir en las montañas de Quiché, que llegó hasta la zona Reyna con muchas dificultades, incluso tuvo que caminar horas entre las montañas, abriendo camino con el machete (sí, así de aventurero como se lo imaginaron) para llegar hasta donde se encontraba un grupo de familias que él no conocía, pero sabía que estaban abandonadas y sin recursos.

¿Qué movió a Greg a hacer algo así? Él tiene esposa e hijas que también han amado a estas familias guatemaltecas y a los niños con los que trabajan. Visualicen a tres rubiecitas sudafricanas -tan bellas como cualquiera de nuestros niños guatemaltecos- creciendo en las montañas de Quiché. Ahora que tengo un tiempo de conocer a toda la familia de Greg, veo la pasión en sus ojos, especialmente cuando me habla de los proyectos que tiene y todo lo bueno que pasará en la vida de esas familias chapinas y me contagia.

Sé que el amor se manifiesta de muchas maneras, yo lo he experimentado al servir a personas vulnerables, dejando salir la empatía, practicando la misericordia y compasión. Estoy convencida de que ayudar al más necesitado es una forma sabia de expresar el amor, eso me lleva a madrugar con alegría -a pesar de lo mucho que disfruto dormir- cuando voy a servir a las familias de una comunidad y viajar a muchos lugares lejanos, dentro y fuera de Guatemala. Estuve un mes en Ghana, África, donde experimenté algo único en Nakpayili, una tribu a 10 horas de la capital Accra. Aun cuando el idioma, la cultura e incluso la religión eran distintas, encontré la forma para dar y recibir amor que además tenía la capacidad de derribar cualquier barrera.

Hay una frase de la madre Teresa, con la que siempre me he identificado, “no siempre podemos hacer grandes cosas, pero sí podemos hacer cosas pequeñas con gran amor”. Creo que no importa el tamaño de los actos que hagamos, debemos impregnarlos del ingrediente más importante: el amor.

Estoy convencida de que trabajar en lo que se ama es un motor para ser feliz, una razón para madrugar con todas las ganas del mundo -incluso sin ganas-. Yo tuve que tomar decisiones para aferrarme a ese anhelo y dejar que me lleve más lejos. Ojalá tú también te encuentres con ese deseo que te lleve a conocer la felicidad y llene se sentido tu vida.

Kerstin Klein

Filántropa, entusiasta de viajar, conocer nuevos lugares y de pasar tiempo con mi familia. Junto a mi esposo, cofundamos la organización no lucrativa Inspira Guate. Soy parte del equipo de A21 Guatemala contra la trata de personas.

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