
Toda relación que te cause tristeza, congoja, depresión, angustia o corte las alas de tu libertad será una relación tóxica.
Mujeres con heridas en el alma, heridas que muchas veces duelen más que mil golpes juntos y que día a día están destruyendo la salud mental de millones extraordinarias personas.
Parejas, hijos, amigos y relaciones laborales que bajo el manto de un silencio absoluto golpean día a día la dignidad de la mujer.
Palabras, gestos, insultos y muchas veces hasta golpes que se ocultan en los rincones más profundos del corazón y de las que jamás se habla; porque son relaciones tóxicas que se han permitido en una sociedad donde las falsas creencias abundan.
En nombre del mal llamado “amor”, las relaciones tóxicas pueden derrumbar, no solamente el cuerpo físico, sino también causar severas heridas del alma que con el tiempo se transforman en cicatrices sangrantes que luego se vuelven úlceras insanables que consumen la vida de las mujeres hasta llevarlas, sin darse cuenta a un punto donde su humanidad queda anulada.
Romper con una relación tóxica implica comenzarte a respetar y amar. Entender que tú eres un ser extraordinario, creado por Dios a Su imagen y semejanza, que mereces amor y dignidad y que nadie puede pasar sobre ti, ni vedarte el extraordinario derecho a una vida feliz y abundante que Dios te ha regalado.
Romper con una relación tóxica implica valentía, pero sobretodo comenzar a detectar alarmas de hechos cotidianos. Te comparto una pequeña guía, que puede ser el primer paso para abrir tus ojos y comenzar a buscar ayuda profesional para salir de esa jaula de cristal donde quizás has estado encerrada por décadas, sin saberlo.
Si estás en una relación donde tu vida está llena de reproches y críticas, donde el reconocimiento a tu persona se ha perdido. Activa la primera alerta de lo que puede.
Si no te dejan crecer, te critican y limitan las actividades que más amas ¡cuidado! Alguien está poniendo candados a vivir una vida plena, donde tus dones puedan ser potencializados.
Si te sientes asfixiada, controlada o vigilada. Si critican a tus amistades entrañables y te quieren separar de ellas. O aún, si van más lejos y la persona que dice amarte intenta revisar tu celular, tu correo y exigir que muestres con quién hablas o escribes, estás en peligro de un controlador que te manipula utilizando las peligrosas armas del dominio y el miedo. ¡Jamás olvides, naciste libre y tienes derecho a tu privacidad!
Si tu relación ha llegado al punto donde te menosprecian, se burlan de ti o insultan en privado y público, recuerda que esto no tiene que ver con el amor; sino con un acto infame y cobarde para destruir tu autoestima.
Cuando la lucha por el control y el mostrar que tú estas equivocada recurrentemente entró a tu relación, es otra alarma que algo malo se ha activado.
En una relación normal las diferencias o discusiones pueden ser sanas cuando se basan en el respeto y el debate de las ideas, pero si quien dice amarte ha adoptado recurrentes tonos violentos, gritos, amenazas e insultos debes entender que el patrón es errático y peligroso. Es necesario que pongas un alto.
Toda relación que te cause tristeza, congoja, depresión, angustia o corte las alas de tu libertad será una relación tóxica. Para poder amar de manera sana, primero debes aprender a amarte a ti misma, comprender que eres magnífica, que tienes derecho a aspirar a lo mejor de la vida.
Estar aferradas al miedo, la pérdida o a la falsa creencia de un “amor” que cambiará puede destruirte. Si sientes alguno de estos síntomas es hora de hacer una pausa en tu vida, reflexionar, buscar ayuda de un experto, armarte de valor y comenzar a tomar las decisiones para rescatar tu existencia. Vales mucho y la vida es muy corta y efímera, no la desperdicies porque es un regalo de Dios irrepetible.
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