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Reconquistemos la maternidad

Hay verdades que los adultos hemos complicado tanto que ya no las vemos. Los niños, en cambio, las dicen sin dudar. Esta serie nace de esa convicción: que la maternidad merece ser reconquistada, celebrada y defendida.

Hace poco vi un reel de una madre que le preguntaba a sus hijos, entre otras cosas, cuál era su trabajo; los niños respondían, independientemente uno de los otros: «Ser nuestra mamá».

Y me hizo recordar cuántas veces he escuchado esa narrativa, que incluso ha permeado entre personas que valoramos enormemente el matrimonio, la maternidad, y la familia, de que una mujer que no recibe un salario, no trabaja. «Es que ella no trabaja», o «No trabajo», son frases comunes, como si el trabajo dependiera de un sueldo. Los niños del reel lo tenían más claro que muchos de nosotros.

Así como este breve video le daba el valor que merece la maternidad, en el sentido expuesto, hay N cantidad de contenido en redes sociales, y no necesariamente feministas, que minusvaloran, se mofan, desprecian o siembran sospecha o temor a las relaciones sólidas, el matrimonio, la maternidad y/o la familia.

La ideología que nos hizo feministas sin darnos cuenta

La labor de años de narrativa ideológica antivida, antimatrimonio y antifamilia, nos ha convertido en feministas inconscientes. Sí, sí nos ha influenciado; sí ha impactado nuestra mirada y nuestros criterios.

Algunas premisas de fondo de esa línea cultural intencionada: son que la realización personal se identifica casi exclusivamente con el éxito profesional; que la maternidad es una carga o limitación, que somos incapaces de sacarla adelante o que supondrá muchísimo dolor y sacrificio; que hay más libertad sin vínculos; que la fertilidad es un problema de salud que hay que combatir con fármacos u otros mecanismos de acción; que ser esposa y/o mamá no puede, no debe, ser un proyecto de vida, o parte de uno, y que esto sería una imposición cultural histórica, un problema estructural que hay que erradicar.

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¿Quién definió en qué consiste la «realización» de una mujer?

Y no, no es así. ¡¿Quién ha puesto esos supuestos estándares universales sobre la «realización» de una mujer?! La mujer puede realizarse plenamente en su trabajo dentro de su hogar, y específicamente siendo mamá, y también puede hacerlo compatible, e integrado, con una labor profesional remunerada. Aunque es importante tener claro que la autonomía económica no define, para nada, el valor de una mujer.

Sí, la maternidad supone cansancio, sí supone darse, entregarse, sí supone un ajuste de planes, ¿y cuál es el problema? Tal vez el problema es que quizá estamos idolatrando el dinero, ¿porque por eso si vale la pena un cansancio, un darse, un ajuste continuo de planes?

La fertilidad no es un problema y el embarazo no es una enfermedad

Debemos hacer una cruzada para la comprensión de que la fertilidad es un signo de salud, y el embarazo no es una enfermedad a prevenir y/o eliminar. Debemos reconquistar la cultura, más allá de los valores, promover las convicciones.

Libertad no es ausencia de vínculos

Pero en todo este ambiente ideologizado —en medios de entretenimiento, redes sociales, generadores de contenido, etc.—, lo que no entiendo es la afirmación de que se pierde libertad. ¿Qué se entiende hoy por «libertad»? ¿La ausencia de vínculos? ¿La falta de relaciones sólidas? Jamás he dejado de ser libre por tener hijos. ¡Nunca he sido más libre que abrazando mi familia! La maternidad no es incompatible con la autonomía.

Desde una visión antropológica más integral, se puede percibir un problema de fondo: hemos reducido la libertad a hacer lo que da la gana, sin vínculos; y la realización, al éxito profesional, y la visibilidad y reconocimiento social o público.

No se puede reducir la libertad a hacer lo que te plazca, o a «no depender». La libertad es la autodeterminación hacia el bien, y la capacidad de amar y darse, y en esa entrega incondicional, saberse amado, así se alcanza la plenitud, aquella posible en nuestro peregrinar en la Tierra. La maternidad no ha sido, no es, ni será un obstáculo, sino una forma específica, y muy profunda y trascendente, de plenitud personal, de felicidad.

Y en esa plenitud la mujer no renuncia a sus sueños, como se suele afirmar. De hecho, ése puede ser parte de su mayor sueño, en el contexto de la familia; y puede, si así lo desea, postergar, o quizá combinar, otros sueños, de menor trascendencia, aunque esos el mundo los valore como superlativos.

Ser rebelde hoy es tener la valentía de formar una familia

Hace poco escuché a Isabel Brown (¡síganla!) hacer una afirmación audaz, por la que fue aplaudida, pero también fuertemente criticada por los del «lado oscuro de la fuerza», fans de proyectos individuales, y del «yo, mi, me, conmigo, para mí», resignificando sus palabras. Animó a tener la valentía de formar una familia. ¡Eso ahora es ser rebelde, ser revolucionario!

Y si, hoy el revolucionario es quien tiene esa valentía de ir a contrapelo con esa narrativa hedonista, de ir contracorriente, y hacer corriente, porque al mundo le hace falta esa cualidad propiamente femenina de maternar, no solamente biológicamente, sino la de cuidar, con amor, y magnanimidad, del otro. Hagamos que suceda.

35 años de casada. Mamá de una joven de 34 años y dos jóvenes de 28 y 25 años. Conferencista en temas de noviazgo, matrimonio, educación, familia, afectividad y sexualidad en el ámbito público y privado desde el 2004. Integrante de la Asociación La Familia Importa -, plataforma de acción ciudadana que promueve el respeto a la vida, el matrimonio, la familia y la libertad.

Karly de Rodríguez – who has written posts on Ladrona de frases.


Karly de Rodríguez

35 años de casada. Mamá de una joven de 34 años y dos jóvenes de 28 y 25 años. Conferencista en temas de noviazgo, matrimonio, educación, familia, afectividad y sexualidad en el ámbito público y privado desde el 2004. Integrante de la Asociación La Familia Importa -, plataforma de acción ciudadana que promueve el respeto a la vida, el matrimonio, la familia y la libertad.

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