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El sabor de los tamales de arroz

He estado pasando un tiempo de acomodarme para compartir con personas de otros países, con costumbres y tradiciones diferentes, aunque en el corazón llevo los recuerdos de mis navidades en Guatemala”.

Nací en Guatemala un 28 de octubre del 1973, crecí en el bello departamento de Sololá. Me gradué de Maestra parvularia, en la hermosa ciudad de Quetzaltenango. Ejercí mi carrera durante tres años y luego decidí migrar a Estados Unidos, en noviembre de 1995.

Llegué a la casa de mi padre, quien desde hacía muchos años se había establecido en Carolina del Norte. Recuerdo muy bien que mi llegada coincidió con las vísperas de las fiestas de fin de año. Nunca olvido que fue una temporada dura para mí, porque fue la primera vez que estaba lejos de mi familia chapina y me quedé esperando una celebración con cohetes, fiesta, visitas de vecinos y familiares. Sí llegó parte de la familia, pero todo era en un ambiente callado y moderado para evitar incomodar a los vecinos y como los juegos pirotécnicos están prohibidos, no existe la euforia que se vive en Guatemala. En aquella época hasta comer tamales era toda una odisea, ya que las tiendas que vendían las especias e ingredientes eran escasas. En fin, todo era muy diferente a la celebración de mi hogar en Guatelinda.

Ya son 23 años de vivir en este país, Estados Unidos, tengo 21 años de casada con un guatemalteco, con quien he formado una familia de cuatro hijos -tres biológicos y uno adoptado. Juntos hemos tratado de conservar la tradición de celebrar el 24 de diciembre como si estuviéramos en Guatemala. He aprendido a hacer tamales para disfrutarlos esa noche y enseñarle a nuestros hijos nuestras tradiciones, queremos que aun estando lejos ellos puedan familiarizarse con nuestras raíces chapinas.

Confieso que la nostalgia es la misma de la primera navidad, sigo extrañando todo: la comida, mi gente, mi familia -a pesar de que tengo mucha familia viviendo aquí-, extraño los abrazos tan cálidos de quienes están lejos, la convivencia con los amigos, disfrutar de una taza de ponche caliente, sentir el aroma de la mezcla de las frutas en una noche fría incomparable, escuchar el hervor de la olla de los tamales añorando que estuvieran listos para degustarlos.

Recuerdo cómo mi abuelita se preparaba días antes para su receta de tamales de arroz, lavaba el arroz, lo secaba y luego lo llevaba a moler y obtener una harina riquísima que yo me comía sola. El 24 juntaba a todas las mujeres de la casa a envolver esos deliciosos tamales. Ni qué decir de las clases especiales que recibíamos mis tías y mi mamá, quienes nos explicaban a las más pequeñas cómo poner los adornos del tamal: la ciruela, las pasas, el chile… Era un maravilloso tiempo de convivencia y risas acompañados de las historias de la abuela. Todo esto hacía que la espera de la cena de navidad fuera algo expectante. Esos momentos están grabados en mi memoria y corazón.

Recientemente nos mudamos de ciudad, así que he estado pasando un tiempo de acomodarme a compartir con personas de otros países, con costumbres y tradiciones diferentes. Dicen que si la vida te da limones hay que hacer una limonada, y eso es lo que he tratado de hacer, disfrutar de lo que tenemos, de lo que vivimos y no perder la esperanza que algún día disfrutaremos de nuestras fiestas de fin de año en Guatemala, mientras tanto disfruto recordar esos sabores y olores tan chapines.

Amo la vida, amo y sirvo a Dios. Mi familia, mi prioridad. Mis hijos, mi adoración, mi esposo, mi amigo confidente. Disfruto actividades al aire libre, ver y admirar la obra de Dios en una caminata por las montañas, me gozo en el servicio a Dios a través de los niños, disfruto de una taza de café con mis amigas y reír en su compañía. Soy una mujer plena, con virtudes y errores, amada por Dios y dispuesta a ayudar a quien lo necesite.

Mónica Guzman – who has written posts on Ladrona de frases.


Mónica Guzman

Amo la vida, amo y sirvo a Dios. Mi familia, mi prioridad. Mis hijos, mi adoración, mi esposo, mi amigo confidente. Disfruto actividades al aire libre, ver y admirar la obra de Dios en una caminata por las montañas, me gozo en el servicio a Dios a través de los niños, disfruto de una taza de café con mis amigas y reír en su compañía. Soy una mujer plena, con virtudes y errores, amada por Dios y dispuesta a ayudar a quien lo necesite.

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