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¿Qué es la ansiedad? ¿Será una pandemia? ¿Será contagiosa?

Estas dudas surgen cuando escuchamos sobre casos de personas -diagnosticadas o no- que sufren o se quejan de ansiedad.

La ansiedad es un mecanismo de defensa, necesario en los seres humanos y en todas las especies, para sobrevivir. La hemos sentido en mayor o menor grado. En menor, con “estrés” y en mayor, con un ataque de pánico. Es necesaria, ya que es una señal que indica que debemos luchar o huir de una situación peligrosa. Entonces ¿en qué momento se “sale de control? Ese es precisamente el problema contemporáneo.

Nuestra cultura nos dice que casi todo representa un peligro real para nuestra vida: la situación financiera, el calentamiento global, no ser el mejor en todo, perder o ganar estatus, mostrar los signos naturales de la vejez, el rendimiento académico de los hijos, ser superwoman y al mismo tiempo lucir como portada de revista, llevar una vida saludable y balanceada mientras se ve “super ocupada” para alcanzar el check list que implica un largo etcétera. Todo se ha vuelto una situación de vida o muerte, sin serlo realmente.

Si no contáramos con creencias culturales sobre cómo “deberían” ser las cosas, la sociedad, las tradiciones familiares, los estereotipos sociales, pocas cosas representarían un peligro real, ¿no?

Cuando surge la ansiedad se instala primeramente en el cuerpo, por lo que el tratamiento o ayuda eficaz inicia por relajarlo. Un cuerpo relajado es incompatible con la ansiedad, ya que en ese estado se activa el sistema nervioso simpático. Para salir de la percepción de peligro, después de relajar el cuerpo, es importante situar a la persona en el momento presente, no desde lo intelectual, sino desde los sentidos. Respiraciones profundas que hagan la conexión con la corteza frontal, la parte  racional -el miedo generalmente es irracional o se basa en un momento anterior de miedo y no en el momento presente.

Sin embargo, no se debe calmar a la persona desde un inicio por medio de la parte racional y cognitiva. Cuando el sistema simpático está activo la parte racional no es accesible. Tratar de convencer a la persona de su error de “percepción” resulta infructuoso. Si el cuerpo, que es donde primeramente se instala, no se relaja, seguiremos con un sistema nervioso simpático activado, en el que se han “desconectado” las partes no necesarias para la sobrevivencia como la de racionalizar, entender y el uso de la lógica. Para conectar el sistema nervioso parasimpático (que indica que no estamos en peligro y segrega químicos que nos calman y nos hacen sentir bien) es imprescindible que el cuerpo no esté en estado alerta y tensionado.

No podemos eliminar la ansiedad de nuestras vidas, es un mecanismo de defensa necesario. Sin embargo, es importante que sepamos distinguir cuando no la necesitamos porque no hay un estímulo real amenazador. Pocas cosas representan una amenaza real a nuestra vida. Anclémonos al momento presente. No desde la mente, sino desde los sentidos. 

Andrea González

Licenciada en Psicología Clínica por la Universidad Francisco Marroquín. Maestría en Consejería y Salud Mental en la Universidad del Valle y en Psicopatología Clínica por la Universidad de León, España. Terapeuta certificada por la Asociación internacional de profesionales en trabajo de Trauma. Certificada por el Instituto de la Dra. Shefali como Coach de vida Consciente. Ejerzo la clínica privada con énfasis en el trabajo de trastornos del estado de ánimo y ansiedad. Mi pasión ha sido encontrar las respuestas a los problemas de la época, especialmente aquellos relacionados a la ansiedad y a la crianza de los niños para ayudar a llevar una vida más consciente, más humana. Actualmente doy charlas para una vida más consciente, alrededor del mundo.

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