
Levántate porque no hay tiempo para deprimirte”.
Era mi mejor época, llena de logros en mi carrera profesional y muchas satisfacciones familiares, hasta que el cáncer tocó mi vida. Pero mi vida estaba rodeada de ángeles que me hicieron fuerte para combatir la enfermedad.
Te cuento brevemente mi batalla. Recuerdo que hace seis años estaba en el período de destete y bastó una gota de sangre para correr y comprender que había algo extraño, único, pues nunca tuve dolor ni molestias -clásico de esta enfermedad silenciosa- no pude evitar la preocupación. Así que llegué con mi ginecóloga, la misma que me atendió en mis dos embarazos. Ella me examinó y me dio las órdenes para realizarme el ultrasonido y una mamografía.
Ese día vi que las agujas del reloj se detenían, no caminaban, mientras yo estaba desesperada por conocer los resultados. Finalmente llegó la tarde y tomé valor para escuchar a mi ginecóloga, una mujer a quien le tengo mucho cariño y confianza.
Mi esposo estaba a mi lado, como en todo el recorrido de esta aventura, yo estaba callada y solo veía el rostro de la doctora, no era el mismo de cuando recibió a mis niños en su brazos y me los llevó para para que yo los abrazara. Su mirada era de tristeza y su voz era diferente. Yo tenía un nudo en la garganta que no me dejaba preguntar nada, pero luego lanzó su conclusión: era urgente realizar una biopsia. Me refirió con otro médico y de inmediato programé el examen, no perdí tiempo, siempre iba respetando lo que los médicos me sugerían, eso sí, investigué y consulté a tantos especialistas de trayectoria en el tema.
El resultado de la biopsia fue positivo. Bueno, esa fue la fase más temerosa para mí. Pero ahí acabo el llanto y la confusión, el panorama estaba claro. Así que recibí todo con actitud y fe, se me abrieron las puertas del IGSS y se me presentaron tantos ángeles en el camino que me orientaron y facilitaron el protocolo del tratamiento que implica la enfermedad: quimioterapias, radioterapias y cirugía.
No sé qué pasó en mí, era como que el Espíritu Santo hubiera empezado a gobernar mi vida, no tuve reacciones con ningún tratamiento, también recibí terapias naturales para levantar mis defensas en una clínica privada, con una especialista en medicina biológica. Me tomé toooodos los jugos que me sugerían; de guanaba, el atol de fécula de maíz con jengibre y canela para esos días de náuseas e inapetencia por la quimioterapia. Ahí andaba yo, siempre emponchadita y lo bueno es que el ¡hambre nunca se me fue! Jajaja.
Cuando salí de todo el proceso comencé a correr, salía con mi gorro calientito, pues me daba frío en la cabeza que se quedó sin cabello. Mi hermana me regaló una peluca y mis niños hacían bromas con ella, era tan divertido. Integrar a mi familia en este proceso me ayudó increíblemente. Estoy muy agradecida con Dios y con quienes estuvieron en el proceso. Hoy estoy feliz de decir que estoy sana, llevo mis controles médicos, me cuido más integralmente: mente, cuerpo y espíritu. Estoy agradecida de poder afirmar que ¡soy una sobreviviente de cáncer!
Ánimo amigas, no desmayen, si recibieron el diagnóstico sigan adelante, verán cómo tantos ángeles aparecerán, solo deben estar dispuestas para ver con los ojos de la fe y buena actitud.
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