
La historia de Heathcliff y Catherine en Cumbres Borrascosas muestra una relación intensa que muchos consideran romántica. Sin embargo, desde la psicología, Cumbres Borrascosas relación tóxica describe mejor la dinámica entre estos personajes.
Con el estreno de la nueva adaptación de Cumbres Borrascosas protagonizada por Margot Robbie y Jacob Elordi, miles de personas están buscando reseñas, análisis y opiniones sobre la película. Pero hay una pregunta que pocas críticas cinematográficas se atreven a hacer: ¿es esto amor o es una relación tóxica con muy buena fotografía? Como psicóloga y terapeuta familiar, puedo decirte que lo que Heathcliff y Catherine viven en pantalla tiene nombre clínico, y no es romance.
En una novela del siglo XIX, escrita por una autora que utilizó un seudónimo masculino para que su obra fuera bien recibida en la época, con una narrativa revolucionaria para su tiempo, protagonistas de distintos estratos sociales, heridas, venganza y mil acontecimientos entre sus páginas, encontramos Cumbres Borrascosas.
Las artes como la escritura, pintura, teatro y otros han sido, a lo largo de la historia, un canal de expresión y un intento por disfrazar de ficción una inspiración tomada de la vida diaria, sin el peso de trabajar cada emoción o siquiera expresarla en la realidad.
Lo que para la autora fue la escritura, para nosotros es el cine; la pantalla se ha convertido en uno de los espacios donde «reeducamos» nuestras emociones. Aunque estudios recientes confirman que el cine puede fomentar el aprendizaje emocional y promover el pensamiento crítico, no todo lo que actualmente se ofrece como propuesta cinematográfica es una invitación a pensar, analizar y formar criterio; por el contrario, se percibe como una normalización de conductas tóxicas disfrazadas de conexión emocional.
Con el reciente estreno de una nueva adaptación de la novela clásica Cumbres Borrascosas, surge entre varios temas el de romantizar las relaciones tóxicas. Pero ¿por qué debería ser relevante para quien solo desea pasarla bien en el cine? Diversos estudios científicos han revelado que, al observar una escena intensa, el cerebro libera dopamina y oxitocina, propiciando empatía y conexión emocional. Esta última puede convertirse en un arma peligrosa, ya que cuando se pierde la noción de la barrera que separa la vida de la fantasía, uno puede engancharse a esa conexión emocional y normalizar formas, acciones y decisiones que no son saludables.
Es interesante cómo el cine y la cultura popular, en ocasiones, condicionan la capacidad de sentir y de pensar (facultades que no deberían estar separadas). Disfrutar de tu actor o actriz favorita, de una buena fotografía, de la trama o de la musicalización no debería limitar tu capacidad de análisis y de juicio, sabiendo que unos minutos después regresarás a la realidad.
Cuando la pantalla se apaga: lo que normalizamos sin darnos cuenta
Una realidad donde llamamos a las cosas por su nombre; donde las relaciones tormentosas, llenas de mentiras, mala comunicación, heridas no resueltas y un profundo deseo por victimizarse, resultan tóxicas tanto para quienes las viven como para quienes los rodean.
Sí, el amor romántico está compuesto de humanidad, pero también del deseo de mejora, donde los individuos asumen la responsabilidad de sanar (porque la herida puede no ser su responsabilidad).
Romantizar la toxicidad crea expectativas irreales sobre la relación o la pareja; envía el mensaje de que el sufrimiento es parte inevitable del vínculo y refuerza mitos como que los celos significan que le importas a alguien. Además, normaliza el miedo al abandono, la dependencia, el castigo emocional, la frialdad, los sacrificios, los celos y las dinámicas de control.
El arte no tiene que ser un espejo en el que nos miremos
Separar la estética de la realidad es clave para la sanidad emocional. El arte puede ser bello, intenso, emocionalmente impactante, pero no por ello debe convertirse en modelo de conducta. Recordemos que el drama, la inestabilidad, la obsesión, los celos son motores narrativos, no principios de vida.
El amor sano también existe, y elegirlo es un acto de valentía
El amor sano se basa en el respeto, la seguridad emocional y autonomía, no en la ansiedad constante ni en la dependencia. Es un amor racional y consciente, que ofrece oportunidades de mejorar.
Creer en una relación de pareja con comportamientos sanos no solo es emocionalmente inteligente, sino también seguro para la mente y las emociones. Ir en contra de lo que, desde la perspectiva de otros, se considera «normalmente tóxico» es un acto valiente y, en cierto modo, heroico.
La próxima vez que las artes te rodeen, especialmente las emociones rápidas del cine, consume de una manera crítica, cuestiona los mitos que se te presentan, busca historias donde existan modelos sanos de relaciones, porque las relaciones tóxicas no son amor.
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