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50 años: la edad para ser tú misma

Cumplir 50 años marca el inicio de una etapa llena de autoconocimiento, donde aprendes a priorizar lo que realmente importa, sanar heridas del pasado y plantear propósitos llenos de fe.

Siempre imaginé que llegar a medio siglo era llegar a viejita, a pesar de eso tenía muchísimas expectativas de lo que sería mi vida en ese momento, pero nunca imaginé los planes que Dios tenía para mí.

Unos años antes de llegar a los 50 se presentaron situaciones que no estaban dentro de mi plan de vida, lo que me llevó a asumir muchas responsabilidades y empezar de cero. A partir de mi divorcio, tuve que levantarme cada día para seguir luchando por mis tres hijos, quienes han sido siempre mi mayor bendición.

Sanar el pasado

En esa etapa tan difícil, hice algo que fue vital en mi proceso, algo que había ignorado durante años: asumí la responsabilidad de mis emociones y de mis heridas, incluidas aquellas de la infancia que había estado guardando y ocultando, simulando que todo estaba bien. Descubrí que no sanarlas llena la vida de carencias, frustraciones y temores, lo que lleva a tomar decisiones desde esos vacíos, permitiendo cosas que creemos normales y que nos mantienen en un estado de supervivencia.

Soy la más pequeña de tres hermanos. La pérdida de mis padres, a los 10 y 12 años, me llevó a creer que debía tragarme mi dolor, permanecer calladita, que podía con todo y que debía ir por la vida agradando a los demás. Me convertí en una niña y, posteriormente, en una mujer que hacía todo a la perfección frente a los demás. No establecí límites con las personas cercanas, evité los conflictos para mantener la armonía y agradar a todos.

Encontrar mi verdadera esencia

No fue hasta ahora que me tomé el tiempo de profundizar en mi corazón, buscar ayuda y permitir que esas heridas evolucionaran. Sobre todo, busqué a mi Padre Celestial y me aferré a Él como nunca antes lo había hecho. En la víspera de mis 50 años, descubrí a otra mujer: llena de sueños e ilusiones, una persona que puede tomar decisiones, decir no, equivocarse, pedir ayuda, expresar su sentir y hablar con la verdad.

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A partir de ese momento, empecé a ver la vida de otra manera, a disfrutar y valorar cada instante. Me di cuenta de la grandeza de Dios y aprendí a contemplar cada detalle que Él nos otorga día a día.

A mis 50 años, me volví amante de la vida y de la naturaleza. Decidí subirme a un tren cuyo propósito es poner a Dios en primer lugar para que todo lo demás se dé. Aunque muchas personas que quería no se subieron a este tren, con madurez agradezco el tiempo que estuvieron y comprendo que no fueran parte de mi evolución.

Mis 50 años no fueron lo que yo planeé, sino lo que Dios planeó para mí. Y ha sido el comienzo de una temporada en la que tengo el corazón sano, soy mi prioridad y sé que, aunque no tenga todo, en realidad lo tengo todo. Estoy viviendo la mejor etapa de mi vida, sostenida por el agradecimiento, experimentando milagros diarios y pidiendo a Dios que Su presencia y sabiduría no me falten.

Ahora sé que llegar a los 50 no es sinónimo de ser viejita. El corazón sigue sintiendo igual, se sueña, vive y perdona con mayor intensidad. No queremos perder tiempo en cosas que no valen la pena. Así que no le temas a los 50, no es solo un número: es el momento en el que finalmente terminas de empacar las maletas para ese gran viaje inesperado.

Madre y esposa realizada. Apasionada por mi trabajo y por disfrutar intensamente cada momento que Dios me regala. Agradecida siempre porque Dios ha estado con nosotros.

Melanie González-Campo de Salguero – who has written posts on Ladrona de frases.


Melanie González-Campo de Salguero

Madre y esposa realizada. Apasionada por mi trabajo y por disfrutar intensamente cada momento que Dios me regala. Agradecida siempre porque Dios ha estado con nosotros.

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