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Sobreviví a una crisis matrimonial

Me sequé los mocos, dejé de sentirme la víctima y desde allí, sin saberlo, estaba empezando el proceso de sanarme y tratar de sanar a mis hijos. Mi crisis matrimonial propició mi reconstrucción.

Crecí en un hogar con principios católicos, así que resultar embarazada sin casarme ¡fue una revolución! Amé a mi hijo desde el primer momento y aunque amaba a su papá no fue suficiente para casarme solo por el bebé. Esperamos dos años para la boda civil y para la religiosa. Tres años después tuvimos a nuestro segundo hijo.

El trabajo de mi esposo exigía que pasara días lejos de casa. Tuvimos muchos problemas por el alcohol y una latente sospecha de infidelidad, pero la separación no era una opción. Así pasaron varios años, donde cada quien velaba por sus intereses, un tiempo horrible, desgastante y triste.

Después de dejar de trabajar descubrí a mi esposo con una amante, literalmente ¡los descubrí! Lo peor que me ha tocado vivir- confesarlo no es fácil-, sentí que hasta ahí había llegado como esposa, madre, pero sobre todo como mujer. Obviamente nos separamos. ¿Cómo les explico a mis hijos?, ¿cómo les digo que lo que era ayer ya no es hoy?, ¿qué digo cuando me pregunten? ¡Ahhhh que duro!

Dejé de sentirme la víctima y desde allí, sin saberlo, empecé a sanarme y tratar de sanar a mis hijos. Aunque parezca mentira, nunca los puse en contra de su papá; él iba a ser su papá siempre aunque ya no fuera mi esposo.

¿Perdoné? Sí. ¿Cómo lo superé? Solo con la ayuda de Dios y fe en mí misma. ¿Ya olvidé todo? No, Aun lo recuerdo. ¿Cómo le hago para vivir feliz y tranquila? Eso solo depende de mí. No es fácil empezar, pero “perdonar es darse una vuelta por el pasado y regresar completita sin heridas” y eso es lo que hago desde que me levanto. Desde que volvimos mi esposo ha tratado de hacer nuestra vida mucho mejor, con sus actitudes y comportamientos conmigo y mis hijos. Él también se transformó.

Tengo amigas que no han logrado superar crisis como esta, no todas tenemos la misma disponibilidad para aceptar que todos cometemos errores -eso no está ni bien ni mal, cada quien toma sus decisiones-. El perdón es un tema sencillo y complicado. Perdonas a alguien porque tú necesitas ese perdón, no porque esa persona requiera ser perdonada. Si perdonas de corazón ese perdón te dará las fuerzas para seguir independientemente de que la otra persona cambie o no.

Según mi experiencia, que es lo único que tengo, ese perdón te cambia a ti. El cambio que queremos ver en nuestras vidas solo depende de nosotras, de cómo nos percibimos, de cómo nos amamos. ¿Quieres amar a alguien? Ámate primero. ¿Quieres que alguien te ame? Enséñale como amarte. No es de un día para otro, pero como todo en la vida, pasito a pasito. Espero que mi experiencia pueda servirte o por lo menos confortarte en esta etapa.

Alice.

Mujer de 44 años (dichos con inmenso orgullo). Madre de dos maravillosos hijos a los que amo con locura y un esposo por el que agradezco al cielo. Tengo una profesión que me encanta y una vida realmente buena.

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Alice

Alice. Mujer de 44 años (dichos con inmenso orgullo). Madre de dos maravillosos hijos a los que amo con locura y un esposo por el que agradezco al cielo. Tengo una profesión que me encanta y una vida realmente buena.

Comments (3)

  • Astridsays:

    agosto 8, 2018 at 12:42 pm

    Amen, que lindo testimonio es increíble pero la base de todo es el Perdón un palabra tan pequeña pero que te cambia la vida. Gracias por compartir. Bendiciones

  • Michelle Floressays:

    agosto 24, 2018 at 5:51 pm

    Gracias por su testimonio, sabe que frases que escribió me han a ierto los ojos para pensar diferente respecto a mí situación matrimonial? Y no es otra cosa más que Dios usando palabras de otros para ayudarme a mí en esta situación que estoy pasando, pruebas de fe, de amor y perdón. Muchas gracias por su vida. Siga amando a sus hijos y a su esposo y que el poder y gracia de Dios nos ayuden cada día. Un abrazo y mil gracias.

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